Cris Cam
Poeta adicto al portal
Cielos y grúas
Vine a verte desde mi espacio,
trepado al hollín de tus grúas.
Sabés,
en mi mundo no existe el aceite,
los pies resbalan sobre la hojarasca,
los vestidos son blancos,
las sonrisas son simples.
Pero vine a verte a tu mundo.
Sabés, nos difieren los ojos,
me paro en tus dársenas,
observo el vapor que respiras.
Vapor sucio,
para mí muerte.
Para vos camino.
Hace rato,
hace tanto,
me puse a caminar, para encontrarte,
porque te veo, estás allí, pero no te encuentro.
Sabés, no sé para que crucé mi línea.
Detrás de las grúas
la muerte es apacible y aquí duele.
El blanco es perfecto y aquí es idiotez.
¡Ah!, La realidad de los espacios duales.
Tu pregunta es mi respuesta.
Tu quietud mi movimiento.
Negra claridad, claridad obsecuente.
En mi mundo, una estrella,
en el tuyo, una piel que se lamenta.
Lástima no poder transportar,
mi cuerpo a tu mapa,
lástima que no quiera viajar.
No enrojeceré mis branquias,
sólo para gozar el mar de tu boca.
No destrozaré mis alas,
sólo para entrar en tu patio.
Pero, la pestilencia de tus puertos,
no te inquieta el rostro.
Adaptaste tu piel,
al escozor de los adoquines.
Y te parecen sutiles,
las sábanas percudidas.
Yo, en cambio,
prefiero la agonía de la espera,
antes que disfrazar mis palmas.
La soledad de los monólogos,
antes que decirle sí a los mástiles.
Despedazar mi cuerpo,
antes que regalar la inocencia.
Es cierto,
estar colgado de las grúas,
sin ser llevado a ninguna bodega,
me produce cierta tristeza.
Pero no quiero accionar las palancas.
Te he visto, debajo de la manga.
Una marca de piel. Una etiqueta de viaje.
Sé que alguna vez pasaste por mi mundo.
Nosotros no tenemos tiempo.
Perdemos eternos rocíos,
contemplando la textura de los pétalos.
¿Cómo saber entre tantas flores,
cual era tu perfume?
Pero los partos son tan dolorosos.
Los portales se quiebran de luces.
He perdido tantos corazones,
que cruzaron el cristal hacia el abismo.
No. No me invites a tu mundo.
Ya he probado caminar sus calles,
y he vuelto pleno de llagas.
Ustedes llaman cascada, a los mares de lava.
Llaman pureza a los cambios de costumbres.
Y no quiero oscurecer mi alma.
Oh, se me hizo tarde,
aquí transcurren las horas.
Debo volver,
antes que las abejas despidan a los girasoles.
Encenderé un fósforo, incendiaré mis túnicas,
pensaré en tu nombre y daré la vuelta.
Volveré a mis valles solitarios,
pero no venderé mis verdades.
Vine a verte desde mi espacio,
trepado al hollín de tus grúas.
Sabés,
en mi mundo no existe el aceite,
los pies resbalan sobre la hojarasca,
los vestidos son blancos,
las sonrisas son simples.
Pero vine a verte a tu mundo.
Sabés, nos difieren los ojos,
me paro en tus dársenas,
observo el vapor que respiras.
Vapor sucio,
para mí muerte.
Para vos camino.
Hace rato,
hace tanto,
me puse a caminar, para encontrarte,
porque te veo, estás allí, pero no te encuentro.
Sabés, no sé para que crucé mi línea.
Detrás de las grúas
la muerte es apacible y aquí duele.
El blanco es perfecto y aquí es idiotez.
¡Ah!, La realidad de los espacios duales.
Tu pregunta es mi respuesta.
Tu quietud mi movimiento.
Negra claridad, claridad obsecuente.
En mi mundo, una estrella,
en el tuyo, una piel que se lamenta.
Lástima no poder transportar,
mi cuerpo a tu mapa,
lástima que no quiera viajar.
No enrojeceré mis branquias,
sólo para gozar el mar de tu boca.
No destrozaré mis alas,
sólo para entrar en tu patio.
Pero, la pestilencia de tus puertos,
no te inquieta el rostro.
Adaptaste tu piel,
al escozor de los adoquines.
Y te parecen sutiles,
las sábanas percudidas.
Yo, en cambio,
prefiero la agonía de la espera,
antes que disfrazar mis palmas.
La soledad de los monólogos,
antes que decirle sí a los mástiles.
Despedazar mi cuerpo,
antes que regalar la inocencia.
Es cierto,
estar colgado de las grúas,
sin ser llevado a ninguna bodega,
me produce cierta tristeza.
Pero no quiero accionar las palancas.
Te he visto, debajo de la manga.
Una marca de piel. Una etiqueta de viaje.
Sé que alguna vez pasaste por mi mundo.
Nosotros no tenemos tiempo.
Perdemos eternos rocíos,
contemplando la textura de los pétalos.
¿Cómo saber entre tantas flores,
cual era tu perfume?
Pero los partos son tan dolorosos.
Los portales se quiebran de luces.
He perdido tantos corazones,
que cruzaron el cristal hacia el abismo.
No. No me invites a tu mundo.
Ya he probado caminar sus calles,
y he vuelto pleno de llagas.
Ustedes llaman cascada, a los mares de lava.
Llaman pureza a los cambios de costumbres.
Y no quiero oscurecer mi alma.
Oh, se me hizo tarde,
aquí transcurren las horas.
Debo volver,
antes que las abejas despidan a los girasoles.
Encenderé un fósforo, incendiaré mis túnicas,
pensaré en tu nombre y daré la vuelta.
Volveré a mis valles solitarios,
pero no venderé mis verdades.