Cris Cam
Poeta adicto al portal
Caja de sorpresas
¡Ah, sorpresa!
¡Que creías!
Sólo era eso,
un monigote prendido de un espejo.
Y vos, que la guardabas,
atesorabas cada etiqueta de los aeropuertos,
esperando el segundo fatal y primigenio de la entrega.
Suele suceder, viste,
que los clavos se enmohezcan,
la cola se reseque,
y vos,
muerto de ansiedad,
sin retirar la chaveta,
que afloje el pestillo,
que asegura la tapa.
Y era eso, todo eso, sólo eso.
Descubrir tras el sarcófago,
debajo de la máscara de oro,
tras las vendas,
la seca podredumbre de un simple hombre.
¿Cómo explicarás a las llanuras la inválida espera?
Mejor arranca el payaso,
enclaustrate,
cerrá la tapa,
que él ponga el pestillo,
cruce la chaveta,
y lo explique.
¡Nadie notará la diferencia!
¡Ah, sorpresa!
¡Que creías!
Sólo era eso,
un monigote prendido de un espejo.
Y vos, que la guardabas,
atesorabas cada etiqueta de los aeropuertos,
esperando el segundo fatal y primigenio de la entrega.
Suele suceder, viste,
que los clavos se enmohezcan,
la cola se reseque,
y vos,
muerto de ansiedad,
sin retirar la chaveta,
que afloje el pestillo,
que asegura la tapa.
Y era eso, todo eso, sólo eso.
Descubrir tras el sarcófago,
debajo de la máscara de oro,
tras las vendas,
la seca podredumbre de un simple hombre.
¿Cómo explicarás a las llanuras la inválida espera?
Mejor arranca el payaso,
enclaustrate,
cerrá la tapa,
que él ponga el pestillo,
cruce la chaveta,
y lo explique.
¡Nadie notará la diferencia!