BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Así, como en un reguero seco,
tu cuerpo, y también, tu carne.
Tan macilentos
que desnudan inquebrantables
sus huesos talados, sus membranas
secas.
Así, como en un cauce seco,
cuyo vigor perdió fuerza a la llegada
del verano, así, tus dedos apretados.
Y algo interno, que se va despojando
de tanto absurdo artificio y donde reina
sólo, el reino de la risa-.
(En este pedestal, tan inerte y quieto,
se tambalean todavía, hojas tristes
de pleno desierto. Hojarascas mustias,
terminadas de goces completos, carnes
apretadas de pequeños placeres interrumpidos.
La delgada línea del vientre, ayer marcada
por altibajos recurrentes, hoy, es
propiedad de una divinidad sucia y perezosa.
Lentitud propia de quien mirara con otra cara
la sociedad entera y regresara en invierno
a la altitud soñada).
©
tu cuerpo, y también, tu carne.
Tan macilentos
que desnudan inquebrantables
sus huesos talados, sus membranas
secas.
Así, como en un cauce seco,
cuyo vigor perdió fuerza a la llegada
del verano, así, tus dedos apretados.
Y algo interno, que se va despojando
de tanto absurdo artificio y donde reina
sólo, el reino de la risa-.
(En este pedestal, tan inerte y quieto,
se tambalean todavía, hojas tristes
de pleno desierto. Hojarascas mustias,
terminadas de goces completos, carnes
apretadas de pequeños placeres interrumpidos.
La delgada línea del vientre, ayer marcada
por altibajos recurrentes, hoy, es
propiedad de una divinidad sucia y perezosa.
Lentitud propia de quien mirara con otra cara
la sociedad entera y regresara en invierno
a la altitud soñada).
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