Ha roto el anillo su penumbra. Mil abecedarios de piedra
cabalgan las escaleras del tiempo. Una plaza de símbolos
y misterio, un río blanco con sus hojas esmaltadas y sus
inciensos sin mar. Tú me dices, persigue la bruma, allí
donde el acero duerme, en el temblor de la almendra,
en las fachadas cerradas como un féretro de luz. Un rumor
se pierde entre callejas de insomnio, leves fantasmas se arrodillan
con sus caracolas azules. ¿Quién visitará el lado oscuro de las horas,
dónde la metamorfosis de las almenas o el cálido rugir del foso
cuando un frenesí nos anuncia el oráculo?. Y, sin embargo, basta
una canción antigua, el ropaje y el misal, los jeroglíficos
que brotan como flor en tu alud. Es historia, es historia,
eso recitas. Pero yo sólo veo cadáveres extraños, salas robustas,
tan vacías como un mensaje roto. Entro en un calendario, al frente
la pared se desnuda con su cromatismo voraz: azul, amarillo,
ángeles, santos hidalgos y un sol barato que se agolpa en la cal
del silencio. Volveré al mensaje de la piedra o al lloro de los niños
adultos. Más allá la sombra se extiende como una cinta sin rubor,
todo para que el recuerdo nos rescate igual que una adormidera de vidrio.
Piensa en los ojos grises que añoran la mitad de un candil, afuera
el río esconde un secreto, como un cinturón de huellas y nieve.
Para ti, por ti, este lugar sin luz que va dejando su baba fósil
como un epitafio o una mentira.
cabalgan las escaleras del tiempo. Una plaza de símbolos
y misterio, un río blanco con sus hojas esmaltadas y sus
inciensos sin mar. Tú me dices, persigue la bruma, allí
donde el acero duerme, en el temblor de la almendra,
en las fachadas cerradas como un féretro de luz. Un rumor
se pierde entre callejas de insomnio, leves fantasmas se arrodillan
con sus caracolas azules. ¿Quién visitará el lado oscuro de las horas,
dónde la metamorfosis de las almenas o el cálido rugir del foso
cuando un frenesí nos anuncia el oráculo?. Y, sin embargo, basta
una canción antigua, el ropaje y el misal, los jeroglíficos
que brotan como flor en tu alud. Es historia, es historia,
eso recitas. Pero yo sólo veo cadáveres extraños, salas robustas,
tan vacías como un mensaje roto. Entro en un calendario, al frente
la pared se desnuda con su cromatismo voraz: azul, amarillo,
ángeles, santos hidalgos y un sol barato que se agolpa en la cal
del silencio. Volveré al mensaje de la piedra o al lloro de los niños
adultos. Más allá la sombra se extiende como una cinta sin rubor,
todo para que el recuerdo nos rescate igual que una adormidera de vidrio.
Piensa en los ojos grises que añoran la mitad de un candil, afuera
el río esconde un secreto, como un cinturón de huellas y nieve.
Para ti, por ti, este lugar sin luz que va dejando su baba fósil
como un epitafio o una mentira.
Última edición: