despertando
Poeta adicto al portal
Los pobres se enamoran del pan
que sujetan bajo el brazo;
del dorado sol que calienta sus fríos cuerpos,
del agua que pasea libre por la montaña
y del techo que resguarda sus humildes chozas.
Los reyes aman las joyas, el poder,
la riqueza, la corona y la espada.
Los verdugos aman la cuerda con la
que cruelmente ejecutan a los condenados.
Nadie me dijo que cuando viniera
a este suelo, apenas tendría libertad;
que tendría que luchar por ella,
que intentarían cortarme las alas,
pisarme como a una hormiga
y callarme bajo asfixiantes bloques de hormigón.
Nadie me dijo que en este mundo
amar tenía un precio, que harto había que luchar
por el verdadero Amor, y que aquí abajo sólo sobreviven
los más fuertes, pero no de espíritu,
sino los de un mezquino poder;
esos príncipes del horror, de la falacia,
la barbarie y la codicia;
esos que pretenden arrebatarnos
nuestro preciado Amor,
nuestras ideas y nuestros sueños.
que sujetan bajo el brazo;
del dorado sol que calienta sus fríos cuerpos,
del agua que pasea libre por la montaña
y del techo que resguarda sus humildes chozas.
Los reyes aman las joyas, el poder,
la riqueza, la corona y la espada.
Los verdugos aman la cuerda con la
que cruelmente ejecutan a los condenados.
Nadie me dijo que cuando viniera
a este suelo, apenas tendría libertad;
que tendría que luchar por ella,
que intentarían cortarme las alas,
pisarme como a una hormiga
y callarme bajo asfixiantes bloques de hormigón.
Nadie me dijo que en este mundo
amar tenía un precio, que harto había que luchar
por el verdadero Amor, y que aquí abajo sólo sobreviven
los más fuertes, pero no de espíritu,
sino los de un mezquino poder;
esos príncipes del horror, de la falacia,
la barbarie y la codicia;
esos que pretenden arrebatarnos
nuestro preciado Amor,
nuestras ideas y nuestros sueños.