Ventanal

Martín Renán

Poeta adicto al portal

Otra vez,
de tu pasado
cenizas de otros días.

Por ahora, (dentro) corazón de espantapájaros.

Porque en ti
solitario y huésped;
demasiado tarde
y bueno
para ser verdad
de una u otra forma.
Indómito.

A como dé lugar,
laberinto y la palabra, tan íntimo
y visceral;
débil
arde tu sombra en la noche,
haciendo caso omiso
a los —secretos— en la memoria.

A la desnudez de tu fracaso
pasa el puñal
de hace
siete meses, atrás: el poema
por curiosidad
dejó una cicatriz sin levantar sospecha.

Existe la promesa sobre una espera imperturbable.

El viejo salvavidas, me lo dices, siempre

Sólo en la candidez de tu edad
—no hay olvidos—
soy el hombre
que mira con ojos café
la niñez que abraza tus ojos.

 
Otra vez,
de tu pasado
cenizas de otros días.

Por ahora, (dentro) corazón de espantapájaros.

Porque en ti
solitario y huésped;
demasiado tarde
y bueno
para ser verdad
de una u otra forma.
Indómito.

A como dé lugar,
laberinto y la palabra, tan íntimo
y visceral;
débil
arde tu sombra en la noche,
haciendo caso omiso
a los —secretos— en la memoria.

A la desnudez de tu fracaso
pasa el puñal
de hace
siete meses, atrás: el poema
por curiosidad
dejó una cicatriz sin levantar sospecha.

Existe la promesa sobre una espera imperturbable.

El viejo salvavidas, me lo dices, siempre

Sólo en la candidez de tu edad
—no hay olvidos—
soy el hombre
que mira con ojos café
la niñez que abraza tus ojos.


Emotivo discurso el de tus versos Martín, solo un corazón sensible sabe advertir la candidez en el ventanal de una mirada.
Gusto pasar por tu obra, feliz día tengas.
 
Otra vez,
de tu pasado
cenizas de otros días.

Por ahora, (dentro) corazón de espantapájaros.

Porque en ti
solitario y huésped;
demasiado tarde
y bueno
para ser verdad
de una u otra forma.
Indómito.

A como dé lugar,
laberinto y la palabra, tan íntimo
y visceral;
débil
arde tu sombra en la noche,
haciendo caso omiso
a los —secretos— en la memoria.

A la desnudez de tu fracaso
pasa el puñal
de hace
siete meses, atrás: el poema
por curiosidad
dejó una cicatriz sin levantar sospecha.

Existe la promesa sobre una espera imperturbable.

El viejo salvavidas, me lo dices, siempre

Sólo en la candidez de tu edad
—no hay olvidos—
soy el hombre
que mira con ojos café
la niñez que abraza tus ojos.
Me gustaron los versos para este magnífico poema, poeta Martín. Un hermoso remate.
Placer leerte, saludo cordial.
Azalea.
 

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