Hijo de la guerra

penabad57

Poeta veterano en el portal
¿Será posible el silencio?

La luz no es oro
sino moléculas sucias que danzan
como en una locura de aullidos.

Casi no hay muros ni cristales en el edificio desmembrado,
un quejido se repite entre ecos de estertor,
salmodia fúnebre en los labios últimos.

El niño se pregunta otra vez, ¿será posible el silencio?

Descubre bajo los escombros un juguete de madera
que le labró su padre un domingo de abril.

Su padre que ya está muerto,
como su madre y los otros hijos de su madre
sepultados por una bomba de azufre.

Recoge el pequeño objeto, un automóvil tosco de caoba,
sin ruedas, tintado con colores alegres: rojo, azul, amarillo.

¡Es tan fácil que en un niño arraigue
de nuevo la ilusión!

Porque ahora viaja, sí,
viaja moviendo con sus pequeñas manos el aire,
asido al auto como a un brazo o a una liana que le lleva a otro país,
a otro tiempo, a otro lugar
lejos de la barbarie.

No ha comido en días, no se ha lavado,
sus ropas revientan de suciedad
y están tan rotas como su alma.

Al cerrar los ojos ya no vive allí,
ya nada le podrá hacer daño,
aunque suenen de nuevo las sirenas
y gritos de terror inunden las calles
y silben las balas
y los cañones escupan toda su miseria
en hospitales y escuelas.

Al niño no le importa
porque ha dejado de ser un cuerpo entre el horror,
porque en su imaginación juega en un parque
y hay paz y hay futuro
y, por fin, hay vida para las vidas.
 
Última edición:
Realmente hemos creado con la tenue historia de nuestro pasado un horroroso recordar, lleno de pesadillas y traumas psicosociales en los que los niños son la parte más afectada.

Gusto leerte tu inspiración plasmada como canto a la no más guerra, basta de crear corazones de piedra, insufribles por no tener nada más por que sufrir o llorar.
 
¿Será posible el silencio?

La luz no es oro
sino moléculas sucias que danzan
como en una locura de aullidos.

Casi no hay muros ni cristales en el edificio desmembrado,
un quejido se repite entre ecos de estertor,
salmodia fúnebre en los labios últimos.

El niño se pregunta otra vez, ¿será posible el silencio?

Descubre bajo los escombros un juguete de madera
que le labró su padre un domingo de abril.

Su padre que ya está muerto,
como su madre y los otros hijos de su madre
sepultados por una bomba de azufre.

Recoge el pequeño objeto, un automóvil tosco de caoba,
sin ruedas, tintado con colores alegres: rojo, azul, amarillo.

¡Es tan fácil que en un niño arraigue
de nuevo la ilusión!

Porque ahora viaja, si,
viaja moviendo con sus pequeñas manos el aire,
asido al auto como a un brazo o a una liana que le lleva a otro país,
a otro tiempo, a otro lugar
lejos de la barbarie.

No ha comido en días, no se ha lavado,
sus ropas revientan de suciedad
y están tan rotas como su alma.

Al cerrar los ojos ya no vive allí,
ya nada le podrá hacer daño,
aunque suenen de nuevo las sirenas
y gritos de terror inunden las calles
y silben las balas
y los cañones escupan toda su miseria
en hospitales y escuelas.

Al niño no le importa
porque ha dejado de ser un cuerpo entre el horror,
porque en su imaginación juega en un parque
y hay paz y hay futuro
y, por fin, hay vida para las vidas.


Sensible y emotivo trabajo penabad, de veras te felicito por el manejo del tema con tan aguda realidad.
Mereces un premio ¡Felicitaciones!
 
Me gusta mucho cómo creas siempre en tus escritos imágenes muy detalladas y muy visuales, capaces de abrir toda la atención, de forma que el poema es capaz de comunicar a un nivel consciente intelectual y a un nivel puramente emocional.

Aquí eliges la imagen de un niño que mantiene la capacidad de ilusionarse:

¡Es tan fácil que en un niño arraigue
de nuevo la ilusión!

Es algo por lo que tengo debilidad y que me desarma totalmente. Creo que toca todo lo que me gusta llamar humano. Así, me encanta que hagas un canto a la ilusión y me parece, sencillamente, bello.

No sé si es completamente realista (ya que lo has publicado en este foro). A un nivel un pelín más profundo, esa evasión del niño puede interpretarse como algo terriblemente grave. (Me refiero a que realmente ese horror que vive le rompe la mente. No sé si es tu intención contar eso, o simplemente es cuestión de la libertad con que cada uno leemos los poemas).

Así, en el poema consigues exponer a la vez la imagen que despierta toda la ternura y su destrucción. En ese momento es cuando (a mí al menos) el poema me explota dentro como muy pocos poemas lo hacen.

Con ese efecto, te plantearía la idea de si la última estrofa es necesaria. Si lo que quieres es crear una esperanza, sí, pero la violencia emocional que puede tener el poema sin ella, creo que merece la pena considerarse. Te para el corazón. El golpe, más allá de lo emocional, llega a ser físico.

No nos conocemos más allá de que he ido leyendo (silenciosamente) varios de tus poemas. Por eso no me atrevo a ninguna conclusión (y te pido disculpas si mis elucubraciones resultan impertinentes), pero sí quiero compartirte que, en el taller de poesía en el que estoy, en más de una ocasión el profesor nos ha aconsejado y corregido en la línea de que hay versos que parece que los ponemos para endulzar algo que nos parece demasiado terrible (suele explicarlo haciendo referencia a la cucharadita de azúcar de Mary Poppins). Cuando me ha hecho ese tipo de correcciones, nunca he sido consciente de estar haciendo algo así. Es como si, inconscientemente, estuviéramos echando en el poema una realidad que ni nosotros mismos soportamos y de alguna manera necesitamos atenuarla.

Me pregunto si es posible que en este poema haya algo de esto. Yo te invitaría a que dejaras al lector bien jodido (con perdón) hasta el punto de que fuera él quien sienta la urgencia de crear esa esperanza, a ser posible con su comportamiento, en el nivel que cada uno puede alcanzar.
 
Realmente hemos creado con la tenue historia de nuestro pasado un horroroso recordar, lleno de pesadillas y traumas psicosociales en los que los niños son la parte más afectada.

Gusto leerte tu inspiración plasmada como canto a la no más guerra, basta de crear corazones de piedra, insufribles por no tener nada más por que sufrir o llorar.
Te agradezco la lectura y el comentario que dejas. Un abrazo.
 
Me gusta mucho cómo creas siempre en tus escritos imágenes muy detalladas y muy visuales, capaces de abrir toda la atención, de forma que el poema es capaz de comunicar a un nivel consciente intelectual y a un nivel puramente emocional.

Aquí eliges la imagen de un niño que mantiene la capacidad de ilusionarse:



Es algo por lo que tengo debilidad y que me desarma totalmente. Creo que toca todo lo que me gusta llamar humano. Así, me encanta que hagas un canto a la ilusión y me parece, sencillamente, bello.

No sé si es completamente realista (ya que lo has publicado en este foro). A un nivel un pelín más profundo, esa evasión del niño puede interpretarse como algo terriblemente grave. (Me refiero a que realmente ese horror que vive le rompe la mente. No sé si es tu intención contar eso, o simplemente es cuestión de la libertad con que cada uno leemos los poemas).

Así, en el poema consigues exponer a la vez la imagen que despierta toda la ternura y su destrucción. En ese momento es cuando (a mí al menos) el poema me explota dentro como muy pocos poemas lo hacen.

Con ese efecto, te plantearía la idea de si la última estrofa es necesaria. Si lo que quieres es crear una esperanza, sí, pero la violencia emocional que puede tener el poema sin ella, creo que merece la pena considerarse. Te para el corazón. El golpe, más allá de lo emocional, llega a ser físico.

No nos conocemos más allá de que he ido leyendo (silenciosamente) varios de tus poemas. Por eso no me atrevo a ninguna conclusión (y te pido disculpas si mis elucubraciones resultan impertinentes), pero sí quiero compartirte que, en el taller de poesía en el que estoy, en más de una ocasión el profesor nos ha aconsejado y corregido en la línea de que hay versos que parece que los ponemos para endulzar algo que nos parece demasiado terrible (suele explicarlo haciendo referencia a la cucharadita de azúcar de Mary Poppins). Cuando me ha hecho ese tipo de correcciones, nunca he sido consciente de estar haciendo algo así. Es como si, inconscientemente, estuviéramos echando en el poema una realidad que ni nosotros mismos soportamos y de alguna manera necesitamos atenuarla.

Me pregunto si es posible que en este poema haya algo de esto. Yo te invitaría a que dejaras al lector bien jodido (con perdón) hasta el punto de que fuera él quien sienta la urgencia de crear esa esperanza, a ser posible con su comportamiento, en el nivel que cada uno puede alcanzar.
Buenas tardes, Fingal. Me parece muy interesante el análisis que haces del poema. Siempre he creído que el mayor horror en una guerra es el sufrimiento de los niñ@s. Es muy duro pensar, si uno es creyente, que un dios justo pueda consentir el dolor de los inocentes, pero también se remueven las entrañas desde el punto de vista ético o moral del no creyente ante ese derroche de cruel inhumanidad. Este niño podría ser muchos de los niños que han vivido esas situaciones , el poema contrapone el horror ,a la ternura y a la inocencia, y propone una salida que en este caso es la imaginación para evadirse de una realidad inaguantable. Pienso que de alguna manera el poema es realista ya que lo que se cuenta aquí puede perfectamente darse en la realidad. Creo que las personas y mucho más los niños recurren como única defensa ante una situación que les supera y maltrata a este tipo de mecanismos. No sé si se puede juzgar este poema como "buenista", o "facilón", lo que si sé es que no buscaba únicamente impactar al lector sino proponer una puerta abierta a la esperanza. Entiendo lo que te manifestaba tu profesor y seguramente tendría gran parte de razón, aunque si eliminara la última estrofa el poema perdería el sentido que quería darle. Lo bueno de la poesía, es también, recibir la opinión de cultivados lectores y poetas como parece ser tu caso. Mi agradecimiento por decir lo que pensabas del poema. Un abrazo.
 
lo que si sé es que no buscaba únicamente impactar al lector sino proponer una puerta abierta a la esperanza. Entiendo lo que te manifestaba tu profesor y seguramente tendría gran parte de razón, aunque si eliminara la última estrofa el poema perdería el sentido que quería darle.

Eso está claro. El poema, la motivación y el efecto que buscas, es todo tuyo :).

Nunca he pretendido calificar el poema de "buenista" ni "facilón" (para nada creo que lo sea). Simplemente compartí una idea y una emoción muy potente que me provocó el poema al leerlo; pero lo que a cada uno le provoca un poema es muy personal. La comunicación que se establece entre el autor el lector de un poema, en este sentido, muy bien puede ser como una conversación de emociones en la que el autor expresa algo y el lector responde con algo relacionado (pero no exactamente igual) con el mensaje original.

Un abrazo,

Álvaro
 

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