Como en un sueño apacible
la tarde pasa
rodeada de un ritmo lento,
colores sepia
y olores tenues,
teñidos de añoranza.
En el crepúsculo
el reloj se para,
se difuminan las horas
como si del primer amor se tratara,
no teniendo relación consciente
el tiempo con la acción,
los besos con el tiempo
y las dilatadas caricias
se esconden en los rincones
igual que los minutos
se pierden sin saber donde,
metidos entre el amor,
entre la txalaparta de los corazones.
Solo el rumor del hambre
despierta suave mi cuerpo,
rindiéndose perezoso
entre las necesidades claras
que él me impone.
Alargo el tiempo
entre un bienestar
y una necesidad incipiente,
para disfrutar
de una dicha mas dilatada
en una marea
de olas de placer y de conciencia.
Ella, ya despierta
vigila toda la casa
saliendo de su dormida guarida.
Calzando sus pies
se hace a la marcha.
El ritmo se torna otro
se “rompe el cuadro sepia”
y los sueños se alegran.
la tarde pasa
rodeada de un ritmo lento,
colores sepia
y olores tenues,
teñidos de añoranza.
En el crepúsculo
el reloj se para,
se difuminan las horas
como si del primer amor se tratara,
no teniendo relación consciente
el tiempo con la acción,
los besos con el tiempo
y las dilatadas caricias
se esconden en los rincones
igual que los minutos
se pierden sin saber donde,
metidos entre el amor,
entre la txalaparta de los corazones.
Solo el rumor del hambre
despierta suave mi cuerpo,
rindiéndose perezoso
entre las necesidades claras
que él me impone.
Alargo el tiempo
entre un bienestar
y una necesidad incipiente,
para disfrutar
de una dicha mas dilatada
en una marea
de olas de placer y de conciencia.
Ella, ya despierta
vigila toda la casa
saliendo de su dormida guarida.
Calzando sus pies
se hace a la marcha.
El ritmo se torna otro
se “rompe el cuadro sepia”
y los sueños se alegran.