El reloj

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Como en un sueño apacible

la tarde pasa

rodeada de un ritmo lento,

colores sepia

y olores tenues,

teñidos de añoranza.


En el crepúsculo

el reloj se para,

se difuminan las horas

como si del primer amor se tratara,

no teniendo relación consciente

el tiempo con la acción,

los besos con el tiempo

y las dilatadas caricias

se esconden en los rincones

igual que los minutos

se pierden sin saber donde,

metidos entre el amor,

entre la txalaparta de los corazones.


Solo el rumor del hambre

despierta suave mi cuerpo,

rindiéndose perezoso

entre las necesidades claras

que él me impone.


Alargo el tiempo

entre un bienestar

y una necesidad incipiente,

para disfrutar

de una dicha mas dilatada

en una marea

de olas de placer y de conciencia.


Ella, ya despierta

vigila toda la casa

saliendo de su dormida guarida.


Calzando sus pies

se hace a la marcha.


El ritmo se torna otro

se “rompe el cuadro sepia”

y los sueños se alegran.
 
Como en un sueño apacible

la tarde pasa

rodeada de un ritmo lento,

colores sepia

y olores tenues,

teñidos de añoranza.


En el crepúsculo

el reloj se para,

se difuminan las horas

como si del primer amor se tratara,

no teniendo relación consciente

el tiempo con la acción,

los besos con el tiempo

y las dilatadas caricias

se esconden en los rincones

igual que los minutos

se pierden sin saber donde,

metidos entre el amor,

entre la txalaparta de los corazones.


Solo el rumor del hambre

despierta suave mi cuerpo,

rindiéndose perezoso

entre las necesidades claras

que él me impone.


Alargo el tiempo

entre un bienestar

y una necesidad incipiente,

para disfrutar

de una dicha mas dilatada

en una marea

de olas de placer y de conciencia.


Ella, ya despierta

vigila toda la casa

saliendo de su dormida guarida.


Calzando sus pies

se hace a la marcha.


El ritmo se torna otro

se “rompe el cuadro sepia”

y los sueños se alegran.

Consigues con tus buenas palabras atrapar al lector en la lectura de tu excelso escrito, todo un placer pasar. Saludos María Baena
 
Como en un sueño apacible

la tarde pasa

rodeada de un ritmo lento,

colores sepia

y olores tenues,

teñidos de añoranza.


En el crepúsculo

el reloj se para,

se difuminan las horas

como si del primer amor se tratara,

no teniendo relación consciente

el tiempo con la acción,

los besos con el tiempo

y las dilatadas caricias

se esconden en los rincones

igual que los minutos

se pierden sin saber donde,

metidos entre el amor,

entre la txalaparta de los corazones.


Solo el rumor del hambre

despierta suave mi cuerpo,

rindiéndose perezoso

entre las necesidades claras

que él me impone.


Alargo el tiempo

entre un bienestar

y una necesidad incipiente,

para disfrutar

de una dicha mas dilatada

en una marea

de olas de placer y de conciencia.


Ella, ya despierta

vigila toda la casa

saliendo de su dormida guarida.


Calzando sus pies

se hace a la marcha.


El ritmo se torna otro

se “rompe el cuadro sepia”

y los sueños se alegran.
Un pasaje lleno de melancolía, siempre es grato leerte
 

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