Junto a otras voces-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Mientras se marchitan

las eternas flores del amianto,

se escuchan las voces de la esfera

iluminada. Dromedarios

pasean victoriosos sus arranques

de flema, por las lagunas olvidadas.

Por las lagunas olvidadas, el cuero

anticipado busca su lentitud de estrella.

Y por los cielos manumitidos, un carro

de arena, incendia sus trenzas, hasta el tumulto

del barro.

Escucho eternamente el silencio de la flor.

Su escarcha crujiente de labios ofendidos.

Su promisoria contemplación de laúdes infinitos.

Y ese sonido de largas cuerdas en el cenit

de la luna.



©
 
Mientras se marchitan

las eternas flores del amianto,

se escuchan las voces de la esfera

iluminada. Dromedarios

pasean victoriosos sus arranques

de flema, por las lagunas olvidadas.

Por las lagunas olvidadas, el cuero

anticipado busca su lentitud de estrella.

Y por los cielos manumitidos, un carro

de arena, incendia sus trenzas, hasta el tumulto

del barro.

Escucho eternamente el silencio de la flor.

Su escarcha crujiente de labios ofendidos.

Su promisoria contemplación de laúdes infinitos.

Y ese sonido de largas cuerdas en el cenit

de la luna.



©
Quizás los humanos hablamos mucho y por ello olvidamos rápido, y el éxito de los que hablan es que no recordamos. Eso me dejo tu metafórico poema querido BEN. Un gran abrazo.
 
Mientras se marchitan

las eternas flores del amianto,

se escuchan las voces de la esfera

iluminada. Dromedarios

pasean victoriosos sus arranques

de flema, por las lagunas olvidadas.

Por las lagunas olvidadas, el cuero

anticipado busca su lentitud de estrella.

Y por los cielos manumitidos, un carro

de arena, incendia sus trenzas, hasta el tumulto

del barro.

Escucho eternamente el silencio de la flor.

Su escarcha crujiente de labios ofendidos.

Su promisoria contemplación de laúdes infinitos.

Y ese sonido de largas cuerdas en el cenit

de la luna.



©
un poema muy sonoro, siempre es grato leerte
 
Mientras se marchitan

las eternas flores del amianto,

se escuchan las voces de la esfera

iluminada. Dromedarios

pasean victoriosos sus arranques

de flema, por las lagunas olvidadas.

Por las lagunas olvidadas, el cuero

anticipado busca su lentitud de estrella.

Y por los cielos manumitidos, un carro

de arena, incendia sus trenzas, hasta el tumulto

del barro.

Escucho eternamente el silencio de la flor.

Su escarcha crujiente de labios ofendidos.

Su promisoria contemplación de laúdes infinitos.

Y ese sonido de largas cuerdas en el cenit

de la luna.



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Amigo Ben, le felicito por sus profundos versos.
Un fuerte abrazo.
 

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