BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mientras se marchitan
las eternas flores del amianto,
se escuchan las voces de la esfera
iluminada. Dromedarios
pasean victoriosos sus arranques
de flema, por las lagunas olvidadas.
Por las lagunas olvidadas, el cuero
anticipado busca su lentitud de estrella.
Y por los cielos manumitidos, un carro
de arena, incendia sus trenzas, hasta el tumulto
del barro.
Escucho eternamente el silencio de la flor.
Su escarcha crujiente de labios ofendidos.
Su promisoria contemplación de laúdes infinitos.
Y ese sonido de largas cuerdas en el cenit
de la luna.
©
las eternas flores del amianto,
se escuchan las voces de la esfera
iluminada. Dromedarios
pasean victoriosos sus arranques
de flema, por las lagunas olvidadas.
Por las lagunas olvidadas, el cuero
anticipado busca su lentitud de estrella.
Y por los cielos manumitidos, un carro
de arena, incendia sus trenzas, hasta el tumulto
del barro.
Escucho eternamente el silencio de la flor.
Su escarcha crujiente de labios ofendidos.
Su promisoria contemplación de laúdes infinitos.
Y ese sonido de largas cuerdas en el cenit
de la luna.
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