Llueve, y de nuevo sé que no vendrás,
es lluvia con sabor a desencuentro;
todo se volvió gris, nada nos salva
del diluvio que ahoga este deseo.
Con arrojo me enfrento a la tormenta;
no te puedo negar que tengo miedo,
de alguna de estas muertes moriré.
No siempre es inocente nuestro juego.
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