aniksun
Poeta adicto al portal
En la orilla se vieron
como si no existieran,
caminos distintos,
miradas ausentes
sin entrelazar vanidades
que pudieran unir
misterios y verdades.
Los labios sellados,
famélicos y errantes
de carmín aún teñidos
heridos de calle,
pétreos, quién lo diría,
al verlos tan solo
unos días antes.
Una con su hija
y la otra con su amante,
ambas orgullosas
como estrellas deslumbrantes
y perdidamente enamoradas
sin decírselo a nadie;
María y Elena,
dos espíritus,
un recuerdo
envuelto de silencio
que ahoga en la prudencia
la pasión de sus besos.
Aniksun
como si no existieran,
caminos distintos,
miradas ausentes
sin entrelazar vanidades
que pudieran unir
misterios y verdades.
Los labios sellados,
famélicos y errantes
de carmín aún teñidos
heridos de calle,
pétreos, quién lo diría,
al verlos tan solo
unos días antes.
Una con su hija
y la otra con su amante,
ambas orgullosas
como estrellas deslumbrantes
y perdidamente enamoradas
sin decírselo a nadie;
María y Elena,
dos espíritus,
un recuerdo
envuelto de silencio
que ahoga en la prudencia
la pasión de sus besos.
Aniksun