NADJA
“une étoile... qui est comme le coeur de une fleur sans coeur”
A. Breton
Aquella noche sin aromas
como un destello de negrura en la cegadora claridad
descubrí bajo su axila derecha
el secreto innombrable de mi felicidad.
Allí eran todas las sombras
todos las fragancias
toda la fiereza del amor y sus entornos.
Su brazo me ceñía como corona
era el desfiladero incompleto
por el que mis sentidos de perdían
corriente abajo
hasta el oscuro final
hasta su vientre como una madreperla
a punto de ser arrancada de su sueño.
Muñeca de vaivenes imprevistos
celada la mirada por el aguafuerte de sus cabellos rizados
como un grito sin final
cuyo origen estaba en sus labios o en su pelvis
Nadja me confió su terror de ser virgen todavía
siendo flor de mandrágora.
Sus desconformadas formas
se retorcían como deseos de borracho
y sus viscosos pechos
ausente ya su láctea misión de constelación huída
se clavaban en mis ojos
como un panorama de acuosos horizontes.
Era Nadja
como una nube preñada de presagios
mendiga de todas las pústulas
acompañante gratuita de las canciones obscenas.
En las encasacadas noches
de la retreta urbana
Nadia era un grito que convocaba luceros
un aroma de agrio almizcle
que acallaba el suave decir de los magnolios
Yo sabía que era la inevitable precursora de mi muerte.
Tal vez un día, una semana, una noche solamente
me separaban de mi amanecer dislocado.
Pero mis últimos latidos serían para ella
para esa Nadja sin fronteras ni paraíso.
El amor que tanto amé
esa flor irreverente y procelosa
era ella
la procaz
la lujuriosa
el lecho de todas las miserias
la amante desgarrada poseedora del último orgasmo
Ojo exclusivo para ver lo que está oculto
Labios que cobijan todos los láudanos
Nadja magia y libertad
belleza convulsa
que nunca me podrá ser revelada.
La hembra por la que todos quisiéramos ser poseídos
barca de Caronte hacia el Jardín de las Delicias
el veneno más purísimo
para el paroxismo de la nada.
“une étoile... qui est comme le coeur de une fleur sans coeur”
A. Breton
Aquella noche sin aromas
como un destello de negrura en la cegadora claridad
descubrí bajo su axila derecha
el secreto innombrable de mi felicidad.
Allí eran todas las sombras
todos las fragancias
toda la fiereza del amor y sus entornos.
Su brazo me ceñía como corona
era el desfiladero incompleto
por el que mis sentidos de perdían
corriente abajo
hasta el oscuro final
hasta su vientre como una madreperla
a punto de ser arrancada de su sueño.
Muñeca de vaivenes imprevistos
celada la mirada por el aguafuerte de sus cabellos rizados
como un grito sin final
cuyo origen estaba en sus labios o en su pelvis
Nadja me confió su terror de ser virgen todavía
siendo flor de mandrágora.
Sus desconformadas formas
se retorcían como deseos de borracho
y sus viscosos pechos
ausente ya su láctea misión de constelación huída
se clavaban en mis ojos
como un panorama de acuosos horizontes.
Era Nadja
como una nube preñada de presagios
mendiga de todas las pústulas
acompañante gratuita de las canciones obscenas.
En las encasacadas noches
de la retreta urbana
Nadia era un grito que convocaba luceros
un aroma de agrio almizcle
que acallaba el suave decir de los magnolios
Yo sabía que era la inevitable precursora de mi muerte.
Tal vez un día, una semana, una noche solamente
me separaban de mi amanecer dislocado.
Pero mis últimos latidos serían para ella
para esa Nadja sin fronteras ni paraíso.
El amor que tanto amé
esa flor irreverente y procelosa
era ella
la procaz
la lujuriosa
el lecho de todas las miserias
la amante desgarrada poseedora del último orgasmo
Ojo exclusivo para ver lo que está oculto
Labios que cobijan todos los láudanos
Nadja magia y libertad
belleza convulsa
que nunca me podrá ser revelada.
La hembra por la que todos quisiéramos ser poseídos
barca de Caronte hacia el Jardín de las Delicias
el veneno más purísimo
para el paroxismo de la nada.