Siempre supiste ir, del muro al sueño,
y siempre en un alarde de bravura,
supiste defender de la amargura
los frágiles retoños de tu empeño.
nunca hubo para tí, ni rey, ni dueño,
y nunca renunciaste a la locura
de hacer, con manantiales de ternura,
que floreciera un mundo más risueño.
ya vencen los cansancios tu estatura,
y tu frente se torna venerable,
pero tu risa sigue terca y dura.
Aunque el tiempo se torne venerable,
no me abandones en la noche oscura,
dadora de mi luz, ensueño amable.
y siempre en un alarde de bravura,
supiste defender de la amargura
los frágiles retoños de tu empeño.
nunca hubo para tí, ni rey, ni dueño,
y nunca renunciaste a la locura
de hacer, con manantiales de ternura,
que floreciera un mundo más risueño.
ya vencen los cansancios tu estatura,
y tu frente se torna venerable,
pero tu risa sigue terca y dura.
Aunque el tiempo se torne venerable,
no me abandones en la noche oscura,
dadora de mi luz, ensueño amable.