Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
El amor muerto atrae a nubes carroñeras.
Debes enterrarlo pronto, quemarlo
o cubrirlo con cal antes de que hieda.
Podría hacerlo yo, pero aún tengo arraigada
la terrible superstición de la poesía.
Debimos ultimarlo en un bosque o un desierto;
no a medio patio, en martes trece
y sin sacarnos de los cuernos las pijamas.
¿Notas ese aire de indiferencia o costumbre
a estar muerto, a ser cadáver, a ser nada?
Pareciera que en cualquier momento
abrirá la boca para preguntarnos
si cerramos bien la ventana de la cocina.
Sin embargo, ninguno imaginó que tuviera
tantos vidrios en las miradas de tu sangre,
tanto humo negro en las posdatas de mis tripas.
Si yo pudiera llorar, como antes, con tus ojos,
o si solo pudieras anticiparte a rezar mi elegía.
Pero aquí no pasó nada, menos tú.
Mas nada es importante, menos yo.
Que nadie nunca encuentre a los culpables
de asesinar a la leyenda del destino, las promesas.
Pongamos tierra de por medio, eternidad, olvido.
Anda, no los hagamos esperar. Algo aquí apesta.
Debes enterrarlo pronto, quemarlo
o cubrirlo con cal antes de que hieda.
Podría hacerlo yo, pero aún tengo arraigada
la terrible superstición de la poesía.
Debimos ultimarlo en un bosque o un desierto;
no a medio patio, en martes trece
y sin sacarnos de los cuernos las pijamas.
¿Notas ese aire de indiferencia o costumbre
a estar muerto, a ser cadáver, a ser nada?
Pareciera que en cualquier momento
abrirá la boca para preguntarnos
si cerramos bien la ventana de la cocina.
Sin embargo, ninguno imaginó que tuviera
tantos vidrios en las miradas de tu sangre,
tanto humo negro en las posdatas de mis tripas.
Si yo pudiera llorar, como antes, con tus ojos,
o si solo pudieras anticiparte a rezar mi elegía.
Pero aquí no pasó nada, menos tú.
Mas nada es importante, menos yo.
Que nadie nunca encuentre a los culpables
de asesinar a la leyenda del destino, las promesas.
Pongamos tierra de por medio, eternidad, olvido.
Anda, no los hagamos esperar. Algo aquí apesta.
21 de febrero de 2020
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