De nuevo, en esta luz que resucita,
se alumbrará el afán de mi clausura,
pues la sombra que arrastra mi figura
duerme en Vairâo, y allí me necesita.
Otra vez vuela el mirlo de la ermita,
y en su trino sosiego me procura,
su voz es un arroyo de ternura,
un salmo que al Señor, él le recita.
El laurel de la fuente, allí dormita,
y al ciprés de corteza mas oscura
tras la piedra del muro, el viento agita,
se me antoja un arcángel que gravita
alrededor del claustro, que en su altura,
al abrazo de Dios solo me invita.
PepeSori
SafeCreative
Última edición: