Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre la mesilla de noche
la luz no desfallece, se apacigua
al igual que el tiempo,
echa un pulso a las sombras más remotas
y se queda ahí,
en lo más alto,
sin avances ni retrocesos,
mirando
como páginas abiertas de un libro
que ahora descansa;
alas cuerdas, grandes pájaros,
vuelo repleto de verbos y sustantivos,
acción en suspenso en el aire.
Los puntos, salpican la noche
como lágrimas un rostro
que nos mira
y sabemos, sin dudarlo,
nos sonríe.
Una agenda,
atrapada en el espacio
de una pila inmensa de oraciones
hace cuentas
de los números que guarda,
son los cuerpos de un ayer y de un mañana,
son extensos labios que aún predican,
“volverán las oscuras golondrinas”,
a sus nidos,
nuestros nidos
a colgar.
La luz no desfallece, sin embargo
y al igual que el tiempo
echa un pulso a las sombras
y ahí se queda
en lo más alto
mirando…
la luz no desfallece, se apacigua
al igual que el tiempo,
echa un pulso a las sombras más remotas
y se queda ahí,
en lo más alto,
sin avances ni retrocesos,
mirando
como páginas abiertas de un libro
que ahora descansa;
alas cuerdas, grandes pájaros,
vuelo repleto de verbos y sustantivos,
acción en suspenso en el aire.
Los puntos, salpican la noche
como lágrimas un rostro
que nos mira
y sabemos, sin dudarlo,
nos sonríe.
Una agenda,
atrapada en el espacio
de una pila inmensa de oraciones
hace cuentas
de los números que guarda,
son los cuerpos de un ayer y de un mañana,
son extensos labios que aún predican,
“volverán las oscuras golondrinas”,
a sus nidos,
nuestros nidos
a colgar.
La luz no desfallece, sin embargo
y al igual que el tiempo
echa un pulso a las sombras
y ahí se queda
en lo más alto
mirando…