BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por instantes, las ventanas se abren.
Da pavor conjeturar. Las alas del día,
junto a su llama intermitente de calor,
emiten su sonido de telas rasgadas.
Es la luz. Y el sexo procreador y poderoso
que desvela amplios salones, y un aire virtual
y generador. Dioses. Tumbas blancas donde
la luz, forma su capa aérea de pequeñas partículas.
El polvo azul de los pueblos mediterráneos.
Por instantes, no siento el ardor de una vida diferente,
gestándose en mis entrañas. Acumulo odios y vértices.
Finas capas y telarañas, cristalizando en mi interior.
Amor lejano pero constituido; mi voz, perdiéndose
entre las barcas.
©
Da pavor conjeturar. Las alas del día,
junto a su llama intermitente de calor,
emiten su sonido de telas rasgadas.
Es la luz. Y el sexo procreador y poderoso
que desvela amplios salones, y un aire virtual
y generador. Dioses. Tumbas blancas donde
la luz, forma su capa aérea de pequeñas partículas.
El polvo azul de los pueblos mediterráneos.
Por instantes, no siento el ardor de una vida diferente,
gestándose en mis entrañas. Acumulo odios y vértices.
Finas capas y telarañas, cristalizando en mi interior.
Amor lejano pero constituido; mi voz, perdiéndose
entre las barcas.
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