NiñoNube
Poeta asiduo al portal
Corazón de otoño y domingo.
Llueve bajo un cielo gris plomo.
Lluvia lenta.
No sé si conoces la lluvia lenta.
Perece que nunca llega a tocar el suelo.
Queda como suspendida en el aire.
Como los minutos,
de las horas que no acaban.
Horas grises,
como las nubes.
Minutos que calan,
como las gotas suspendidas.
Una mañana de duro trabajo.
Todo el mundo con la crispación en los ojos.
Acusaciones cruzadas.
Egoísmos vecinales enfrentados.
Me siento sepultado,
por una montaña de pelusillas
sacadas de sus ombligos.
Y aunque no lo crean,
tanto odio y tanta inquina,
también me cala.
Trato de hacer que me resbale.
Pero maldita sea,
no soy de porcelana.
Así que trato de respirar.
Tomo aire bajo esa montaña,
de hediondas miserias humanas.
Alguien me cuenta, sin venir a cuento.
Cuentos que prefiero no escuchar.
Alguien me habla de amenazas
Alguien maldice a otro alguien.
Y alguien, como mi hermana,
debe ser aislada.
Muchas horas trabajando contra el bicho.
Al final le toco una mala mano.
Apostó y las cartas se dieron mal.
Confinamiento lejos de casa.
Por el bien de su familia.
Por el bien de esta puta humanidad.
Con su máscara de valentía.
Nadie debe ver lo que hay detrás.
Para no contagiar preocupación.
Para no propagar el miedo.
Pero yo he visto lo que hay tras la careta.
Y eso, también me cala.
La mañana ha pasado,
suspendida en el tiempo.
Con mi cabeza llena de música y letras.
He visto un mirlo venir volando.
Me ha parecido un símbolo de libertad.
Y de repente ¡catacrack!
Se ha estrellado contra un cristal.
También me ha parecido un jodido símbolo.
Pero menos esperanzador.
Lo he cogido en mis manos.
Temblaba y respiraba con dificultad.
Se ha muerto mientras lo acercaba a una arboleda.
He sentido como se apagaba entre mis dedos.
Y eso también me ha calado.
La lluvia lenta ha llenado el vaso.
Ni una gota más.
Sin poder remediarlo,
me he echado a llorar.
Como un niño perdido.
Se ha muerto en mis manos,
lo único bello de toda la mañana.
Ni una gota más.
Hasta aquí mis tragaderas.
Ahora mismo,
cambiaría mi condición con pinocho.
Él quería ser humano.
Y a mi no me vendría mal,
ser de madera.
Para que deje de calarme la vida.
Bajo este cielo gris, de domingo...
Llueve bajo un cielo gris plomo.
Lluvia lenta.
No sé si conoces la lluvia lenta.
Perece que nunca llega a tocar el suelo.
Queda como suspendida en el aire.
Como los minutos,
de las horas que no acaban.
Horas grises,
como las nubes.
Minutos que calan,
como las gotas suspendidas.
Una mañana de duro trabajo.
Todo el mundo con la crispación en los ojos.
Acusaciones cruzadas.
Egoísmos vecinales enfrentados.
Me siento sepultado,
por una montaña de pelusillas
sacadas de sus ombligos.
Y aunque no lo crean,
tanto odio y tanta inquina,
también me cala.
Trato de hacer que me resbale.
Pero maldita sea,
no soy de porcelana.
Así que trato de respirar.
Tomo aire bajo esa montaña,
de hediondas miserias humanas.
Alguien me cuenta, sin venir a cuento.
Cuentos que prefiero no escuchar.
Alguien me habla de amenazas
Alguien maldice a otro alguien.
Y alguien, como mi hermana,
debe ser aislada.
Muchas horas trabajando contra el bicho.
Al final le toco una mala mano.
Apostó y las cartas se dieron mal.
Confinamiento lejos de casa.
Por el bien de su familia.
Por el bien de esta puta humanidad.
Con su máscara de valentía.
Nadie debe ver lo que hay detrás.
Para no contagiar preocupación.
Para no propagar el miedo.
Pero yo he visto lo que hay tras la careta.
Y eso, también me cala.
La mañana ha pasado,
suspendida en el tiempo.
Con mi cabeza llena de música y letras.
He visto un mirlo venir volando.
Me ha parecido un símbolo de libertad.
Y de repente ¡catacrack!
Se ha estrellado contra un cristal.
También me ha parecido un jodido símbolo.
Pero menos esperanzador.
Lo he cogido en mis manos.
Temblaba y respiraba con dificultad.
Se ha muerto mientras lo acercaba a una arboleda.
He sentido como se apagaba entre mis dedos.
Y eso también me ha calado.
La lluvia lenta ha llenado el vaso.
Ni una gota más.
Sin poder remediarlo,
me he echado a llorar.
Como un niño perdido.
Se ha muerto en mis manos,
lo único bello de toda la mañana.
Ni una gota más.
Hasta aquí mis tragaderas.
Ahora mismo,
cambiaría mi condición con pinocho.
Él quería ser humano.
Y a mi no me vendría mal,
ser de madera.
Para que deje de calarme la vida.
Bajo este cielo gris, de domingo...