EllieWoonlon
Achís
¡Es que perdió a su mamá!, el niño que cuidaba de aquel distinguido ramo
Sucedió que ella, momentos atrás, dándole el racimo en mano, le había dejado en claro:
"¡Tenme estas plantas, apá, que volveré al rato!"
Y se marchó hacia allá, donde Dios sabe a dónde la ha mandado
La mujer, de claros cabellos, había dejado una luz tras su sendero
El joven, todavía infante crédulo, aferrándose a las flores avanzó enceguecido, siguiéndola lerdo
Dando pasos esperanzados, idealizando la imagen que anhelaba ver de nuevo
Pues la de aquella, quien lo había engendrado, buscándola con el extender sus brazos
Mientras más se aproximaba en los pasos, mayor era su sedante
Pues vivía ensoñado, con una fantasía que le impedía ver a sus acompañantes
El niño vivió, en aquel adulto casado y hecho padre, admirando flores de nadie
Por desgracia, cuando lo comprendió fue muy tarde
Su madre se había ido dejando una brecha lastimosa, a los brazos de Morfeo
Y el sendero no era esclarecedor, estaba iluminado por rojo intenso
Como aquellas rosas sumamente espinosas, que le había heredado al hijo primero
Y él disfrutando del color, pero goteando carmín por sostener tallos pinchosos desde ese enero
Y la muerte asusta a todo pequeño, pero no cuando está creciendo
Pues dentro del corazón anida ese niño interno, soñador, en cada cuerpo
El adulto que la muerte comprende, como biología al cerebro, conoce limitadamente...
¡Que nada es eterno, y la plenitud es alcanzable, por un moderado precio!
Deja de ver ese reflejo, que ya no está más, suelta ese pasado, que en manos vivas entorpece y se torna añejo.
Sucedió que ella, momentos atrás, dándole el racimo en mano, le había dejado en claro:
"¡Tenme estas plantas, apá, que volveré al rato!"
Y se marchó hacia allá, donde Dios sabe a dónde la ha mandado
La mujer, de claros cabellos, había dejado una luz tras su sendero
El joven, todavía infante crédulo, aferrándose a las flores avanzó enceguecido, siguiéndola lerdo
Dando pasos esperanzados, idealizando la imagen que anhelaba ver de nuevo
Pues la de aquella, quien lo había engendrado, buscándola con el extender sus brazos
Mientras más se aproximaba en los pasos, mayor era su sedante
Pues vivía ensoñado, con una fantasía que le impedía ver a sus acompañantes
El niño vivió, en aquel adulto casado y hecho padre, admirando flores de nadie
Por desgracia, cuando lo comprendió fue muy tarde
Su madre se había ido dejando una brecha lastimosa, a los brazos de Morfeo
Y el sendero no era esclarecedor, estaba iluminado por rojo intenso
Como aquellas rosas sumamente espinosas, que le había heredado al hijo primero
Y él disfrutando del color, pero goteando carmín por sostener tallos pinchosos desde ese enero
Y la muerte asusta a todo pequeño, pero no cuando está creciendo
Pues dentro del corazón anida ese niño interno, soñador, en cada cuerpo
El adulto que la muerte comprende, como biología al cerebro, conoce limitadamente...
¡Que nada es eterno, y la plenitud es alcanzable, por un moderado precio!
Deja de ver ese reflejo, que ya no está más, suelta ese pasado, que en manos vivas entorpece y se torna añejo.
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