Inventémonos un peor inicio
dando pasos en falso sobre lunas
crecientes y menguantes, en ayunas,
en insomnios que pinten precipicio.
Seamos los culpables en el juicio
donde las mentes naden sus lagunas
en restos de pretéritas fortunas
y vayamos directo al sacrificio.
Juguemos a que poco nos importe
que alguno de los dos por nada vuele
y el otro, cuando menos, lo soporte.
Sin un remordimiento que se cuele
venga la frase justa para el corte.
A más pronto se diga, menos duele.
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