Teo Moran
Poeta fiel al portal
Hay días que te descubro callado,
pensativo, huérfano de iniciativa,
inmutable a todo lo que te rodea,
mirando a los dioses en sus casas
con sus barrotes de hormigón,
a los ángeles caídos de los balcones
envueltos con batas de algodón,
contemplas la dejadez del enfermo
postrado entre sábanas de lavanda,
a los ancianos en su partida de dominó,
mientras la mañana sin prisa
deja en el aire aroma a café,
a los niños correr tras el futuro
y a nosotros dos tras el presente
que nunca atiende a razones
y nos deja olvidados en un rincón.
Sé que lloras ante el desaliento,
dejas ir las cosas, el tiempo y la vida
sin la más mínima esperanza,
que en la clara del día eres derrotado
y en el ocaso cavas tu tumba
ornamentada con la bandera rota
de los que murieron sin causa.
Me muestras tus manos abiertas
llenas de tus lágrimas salinas,
me miras y en tu retina veo sed,
sed de amor, sed de libertad
y un hambre ingente por vivir,
pero de tu piel desvaída el dolor
hace una horadada profunda
que alcanza los latidos del corazón,
es entonces que me miras asustado
e intentas agarrarte a un clavo ardiendo,
pero bien sabemos que para ti y para mi
el cielo es un pedazo de tierra baldía,
la calle es un decálogo de pobreza
donde los dioses jugaron a ser hombres
y los ángeles van a la tienda en bata,
a los niños como intentan engañar
a la chica de la tienda de golosinas,
y como tú yo, sin ánimo de venganza,
dejamos esas promesas de juventud
para otras y mejores ocasiones,
cuando atrapados por la realidad
nos hacemos culpables y lloramos,
nos resignamos por ser como somos,
que en nuestra guerra no hay causa
y donde siempre hay un perdedor.