La voz se ahogaba en la garganta,
olía a violetas y a sal,
qué dulcemente nos mentimos!
Si pudiéramos mirarnos
sin tanto amor entre los ojos,
contemplarnos como
se contempla el paisaje.
Y no es que se nos acabe
el mundo en un parpadeo,
es como derretirse
en el calor de unos besos
o deshilvanarse
la piel por los bordes.
Siempre terminamos
en el mismo lugar,
atrapados entre dos orillas.
Como una hoja seca
que se rompe entre los dedos,
se quiebra el tiempo,
dejando un triste eco de nosotros.
Como el vértigo que causa el deseo
que pinta tus labios en mi boca.
Ana Mercedes Villalobos