Besos De Colores

joblam

Poeta que considera el portal su segunda casa
La suave brisa mañanera hacía que una abejita triste danzara sin rumbo fijo en el bosque. Una ramita le sirvió de asiento mientras pensaba. Entre el ramaje entró un rayito de sol y al ver la melancolía de su rostro, la saludó:

-¡Buenos días abejita!-

Apenas, sin mucho ánimo, respondió:

-Buen día-

El rayito sintió la sequedad de la respuesta y de nuevo la abordó:

-¿Qué te pasa amiga?-

Después de un largo silencio, con voz baja:

-Estoy triste-

-¿Y eso por qué?

-Mi bosque es gris. Casi no llevo provisión a casa y mis hermanas me quieren echar-

-¡Uhm eso está muy mal! ¿Crees qué puedo ayudarte?-

-No puedes hacer nada-dijo la abejita.

-¡Si puedo!- dijo el rayito entusiasmado.

La cara de la abejita mostró señal de incredulidad.

-¡Prométeme que cambiarás tu rostro y compartirás el bosque?-

La abejita levantó una patica derecha en señal de aceptación.

El rayito de sol habló con la lluvia, le explicó el problema y accedió a prestar colaboración. Sin pérdida de tiempo, gotas de agua a granel fueron esparcidas por el bosque por varios días. Una semana después, la abejita notó que el color de su espacio estaba cambiando. Poco a poco el gris desaparecía y era reemplazado por el verde vegetal. Nuevos brotes emergían de las ramas y el insecto entusiasmado, volaba en diversas direcciones para demostrar la alegría.

La lluvia espació la ayuda para no ahogar al bosque y flores unicolores empezaron a adornar el entorno. La abejita, en busca del néctar, besaba cada flor y de inmediato, el color cambiaba a una gama brillante distinta.

Con el paso de los días, la abejita fue recibida con jolgorio por las hermanas. La carga del néctar era abundante y la provisión de miel aumentaba. El bosque presentaba un aspecto hermoso. Reverdecía con flores grandes, relucientes y de variados colores. La abejita, cada día, le daba la bienvenida a colibríes, mariposas, avecillas cantarinas, abejorros y a otros insectos.

Una mañana, por una rendija de la frondosa vegetación, el rayito de sol asomó. Al encontrarse con la abejita, saludó:

-¡Hola abejita!-

-¡Hola rayito de sol!-

-¿Cómo te sientes amiga?-

-¡Soy feliz, muy feliz y quiero darte un regalo!-

-¿Cuál?-

-¡Gracias rayito de sol!-
 
La suave brisa mañanera hacía que una abejita triste danzara sin rumbo fijo en el bosque. Una ramita le sirvió de asiento mientras pensaba. Entre el ramaje entró un rayito de sol y al ver la melancolía de su rostro, la saludó:

-¡Buenos días abejita!-

Apenas, sin mucho ánimo, respondió:

-Buen día-

El rayito sintió la sequedad de la respuesta y de nuevo la abordó:

-¿Qué te pasa amiga?-

Después de un largo silencio, con voz baja:

-Estoy triste-

-¿Y eso por qué?

-Mi bosque es gris. Casi no llevo provisión a casa y mis hermanas me quieren echar-

-¡Uhm eso está muy mal! ¿Crees qué puedo ayudarte?-

-No puedes hacer nada-dijo la abejita.

-¡Si puedo!- dijo el rayito entusiasmado.

La cara de la abejita mostró señal de incredulidad.

-¡Prométeme que cambiarás tu rostro y compartirás el bosque?-

La abejita levantó una patica derecha en señal de aceptación.

El rayito de sol habló con la lluvia, le explicó el problema y accedió a prestar colaboración. Sin pérdida de tiempo, gotas de agua a granel fueron esparcidas por el bosque por varios días. Una semana después, la abejita notó que el color de su espacio estaba cambiando. Poco a poco el gris desaparecía y era reemplazado por el verde vegetal. Nuevos brotes emergían de las ramas y el insecto entusiasmado, volaba en diversas direcciones para demostrar la alegría.

La lluvia espació la ayuda para no ahogar al bosque y flores unicolores empezaron a adornar el entorno. La abejita, en busca del néctar, besaba cada flor y de inmediato, el color cambiaba a una gama brillante distinta.

Con el paso de los días, la abejita fue recibida con jolgorio por las hermanas. La carga del néctar era abundante y la provisión de miel aumentaba. El bosque presentaba un aspecto hermoso. Reverdecía con flores grandes, relucientes y de variados colores. La abejita, cada día, le daba la bienvenida a colibríes, mariposas, avecillas cantarinas, abejorros y a otros insectos.

Una mañana, por una rendija de la frondosa vegetación, el rayito de sol asomó. Al encontrarse con la abejita, saludó:

-¡Hola abejita!-

-¡Hola rayito de sol!-

-¿Cómo te sientes amiga?-

-¡Soy feliz, muy feliz y quiero darte un regalo!-

-¿Cuál?-

-¡Gracias rayito de sol!-
Dar las gracias siempre en esos momentos donde el dulzor de la fragancia entragda
da margen para sentir la felicidad. una bella prosa, dulce y a la vez plena de
moraleja. saludos amables de luzyabsenta
 
La suave brisa mañanera hacía que una abejita triste danzara sin rumbo fijo en el bosque. Una ramita le sirvió de asiento mientras pensaba. Entre el ramaje entró un rayito de sol y al ver la melancolía de su rostro, la saludó:

-¡Buenos días abejita!-

Apenas, sin mucho ánimo, respondió:

-Buen día-

El rayito sintió la sequedad de la respuesta y de nuevo la abordó:

-¿Qué te pasa amiga?-

Después de un largo silencio, con voz baja:

-Estoy triste-

-¿Y eso por qué?

-Mi bosque es gris. Casi no llevo provisión a casa y mis hermanas me quieren echar-

-¡Uhm eso está muy mal! ¿Crees qué puedo ayudarte?-

-No puedes hacer nada-dijo la abejita.

-¡Si puedo!- dijo el rayito entusiasmado.

La cara de la abejita mostró señal de incredulidad.

-¡Prométeme que cambiarás tu rostro y compartirás el bosque?-

La abejita levantó una patica derecha en señal de aceptación.

El rayito de sol habló con la lluvia, le explicó el problema y accedió a prestar colaboración. Sin pérdida de tiempo, gotas de agua a granel fueron esparcidas por el bosque por varios días. Una semana después, la abejita notó que el color de su espacio estaba cambiando. Poco a poco el gris desaparecía y era reemplazado por el verde vegetal. Nuevos brotes emergían de las ramas y el insecto entusiasmado, volaba en diversas direcciones para demostrar la alegría.

La lluvia espació la ayuda para no ahogar al bosque y flores unicolores empezaron a adornar el entorno. La abejita, en busca del néctar, besaba cada flor y de inmediato, el color cambiaba a una gama brillante distinta.

Con el paso de los días, la abejita fue recibida con jolgorio por las hermanas. La carga del néctar era abundante y la provisión de miel aumentaba. El bosque presentaba un aspecto hermoso. Reverdecía con flores grandes, relucientes y de variados colores. La abejita, cada día, le daba la bienvenida a colibríes, mariposas, avecillas cantarinas, abejorros y a otros insectos.

Una mañana, por una rendija de la frondosa vegetación, el rayito de sol asomó. Al encontrarse con la abejita, saludó:

-¡Hola abejita!-

-¡Hola rayito de sol!-

-¿Cómo te sientes amiga?-

-¡Soy feliz, muy feliz y quiero darte un regalo!-

-¿Cuál?-

-¡Gracias rayito de sol!-


Sin dudas es un relato encantador, tierno, de fácil comprensión para chicos y el que deja enseñanzas sobre la motivación...el dar la mano para alumbrar nuestros días y con un final que deja una dulce sonrisa como debería ser la de todo niño.
Joblam te dejo mi afectuoso saludo y mi admiración de siempre ¡Bendecido!
 
La suave brisa mañanera hacía que una abejita triste danzara sin rumbo fijo en el bosque. Una ramita le sirvió de asiento mientras pensaba. Entre el ramaje entró un rayito de sol y al ver la melancolía de su rostro, la saludó:

-¡Buenos días abejita!-

Apenas, sin mucho ánimo, respondió:

-Buen día-

El rayito sintió la sequedad de la respuesta y de nuevo la abordó:

-¿Qué te pasa amiga?-

Después de un largo silencio, con voz baja:

-Estoy triste-

-¿Y eso por qué?

-Mi bosque es gris. Casi no llevo provisión a casa y mis hermanas me quieren echar-

-¡Uhm eso está muy mal! ¿Crees qué puedo ayudarte?-

-No puedes hacer nada-dijo la abejita.

-¡Si puedo!- dijo el rayito entusiasmado.

La cara de la abejita mostró señal de incredulidad.

-¡Prométeme que cambiarás tu rostro y compartirás el bosque?-

La abejita levantó una patica derecha en señal de aceptación.

El rayito de sol habló con la lluvia, le explicó el problema y accedió a prestar colaboración. Sin pérdida de tiempo, gotas de agua a granel fueron esparcidas por el bosque por varios días. Una semana después, la abejita notó que el color de su espacio estaba cambiando. Poco a poco el gris desaparecía y era reemplazado por el verde vegetal. Nuevos brotes emergían de las ramas y el insecto entusiasmado, volaba en diversas direcciones para demostrar la alegría.

La lluvia espació la ayuda para no ahogar al bosque y flores unicolores empezaron a adornar el entorno. La abejita, en busca del néctar, besaba cada flor y de inmediato, el color cambiaba a una gama brillante distinta.

Con el paso de los días, la abejita fue recibida con jolgorio por las hermanas. La carga del néctar era abundante y la provisión de miel aumentaba. El bosque presentaba un aspecto hermoso. Reverdecía con flores grandes, relucientes y de variados colores. La abejita, cada día, le daba la bienvenida a colibríes, mariposas, avecillas cantarinas, abejorros y a otros insectos.

Una mañana, por una rendija de la frondosa vegetación, el rayito de sol asomó. Al encontrarse con la abejita, saludó:

-¡Hola abejita!-

-¡Hola rayito de sol!-

-¿Cómo te sientes amiga?-

-¡Soy feliz, muy feliz y quiero darte un regalo!-

-¿Cuál?-

-¡Gracias rayito de sol!-

Una belleza de cuento !! Tiene el poder de atrapar mágicamente al lector. Felicitaciones poeta !! Mi saludo con afecto.
 

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