Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
La serpiente yace sin veneno
sobre la vereda, al otro lado
su cola ruega por lluvia
mientras los nidos de peces son absorbidos hasta las rocas
Los gigantes han caído,
las casas rodantes y los perros rabiosos los mordieron en los pies,
volviéndolos cenizas y blancas palomas,
con franjas arcoíris
El gris de los colchones voladores desapareció con la última tormenta de arena y polvo del Sáhara.
Como quien dice adiós mirando el hirizonte
La piel de la madre se parte como torta de cumpleaños y solo faltan unos años para el fin de la herida
El grito en la piedra y la voz en el mendrugo
se ahogan en los tribunales y se preparan funerales para la serpiente y los nidos,
para la madre, para los gigantes y los colchones ingravidos, hoy blancos