Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En respuesta a ese olor a carne cruda en las calles
los perros del vecindario se han puesto a ladrar al unísono,
tienen razones para hacerlo,
molestas no cabe duda, pero admisibles,
una manera lógica de reafirmar su identidad perruna
de cuadrúpedo amordazado y útil
sólo en los pretextos
de abandonar la cárcel, la total incompetencia.
La carne que nadie se atrevió a cocinar
sigue esparcida en las aceras
derramando un suero gris, espeso y turbio
por cloacas y jardines, asfaltos y areneros.
La mirada que huye
se escapa por el cielo
esperando la lluvia
como el hueso, los perros.
Somos fieles a lo imprevisible
hay algo de absurdo en la respuesta.