Mis queridos muertos: I. Ruperto

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Se te cayó el sombrero
y el palomo de tu frente desplegó la escasa plata
de su fidedigna estrella
para trazar un rayo fugaz en el tiempo.

Empezabas a no estar tus pupilas:
te disolvías en tu mirada
que te miraba a los ojos desde ningún espejo.

Era Ella porque no había nadie.
Ella, la del principio, con su hilo de regreso
al inasible exterior del laberinto.

Para que el miedo no se enterara del miedo,
tus dedos aprisionaban un gesto de niño
para volcarlo a tu rostro
al cumplirse el anunciado momento.
Era un cruel vestigio de sonrisa.
Era, todavía, la esperanza.

Nunca creíste ser tan alto.
Ya no estaba el sombrero,
ya no estaban tus manos
cuando te inclinaste a recogerlo.

***

Para no amanecer en sábado,
el gallo de la luna entera
fue devorado por su canto.

Cuarenta y ocho toros del color de su bramido
rumiaban la blancura de las paredes entumidas.
En las últimas notas del corrido helado
cayeron tus pestañas al negro tejido del acecho.

Y tú, con tus pies mojados,
con tu antorcha débil,
contemplabas tu caballo
al otro lado de un río cada vez más ancho.

La botella que deshabitó de ti tu sangre
se hizo pedazos en su fondo,
y murmuraste:
Aún es temprano y tengo sed.
No debo morir.
No moriré.

Pero ya estabas muerto,
y no te escuchaste.

Muerto, y una magnolia de aroma sin tinte
usurpó tus manos.

Muerto, y el aire estentóreo
robó para si tus pulmones.

Muerto, y un pesado cuarzo
se clausuró de transparencia en tus ojos.

Muerto, y tu cuerpo de agua adentrada
se hundió en el sepulcro mineral de tu cuerpo.

Muerto, y tu cuerpo se selló con tu
cuerpo
hondo, hondo, cada vez más hondo.


Muerto, y tu pensamiento replegó sus orillas
para abarcar entero el inmóvil oleaje del silencio muerto.

Nada más que muerto.


***

Nada dijo de ti tu muerte.

Cerraron tus párpados
y no asomaste un último clavel
para expresar que era paz
esa mansedumbre vacía de ti.

Ningún colibrí anunció en el algodón de tus labios
que más allá de su inercia de boca
tu sonrisa estaba a salvo.

Porque nada dijo la muerte sino nada,
solo hablará de ti tu vida
con la sentida nostalgia de conjugar en pasado
lo pronto perderá testigos.

Tu casa, tus prados, tus higueras,
las manos de tu mujer, los ojos de tus hijos
irán tomando posesión de tu ausencia,
mientras seas ausencia y no olvido.

Mientras seas ausencia y no olvido,
tu vida dirá de ti tu vida.

La muerte aún no te conoce.

16 – 20 de noviembre de 2013
 
Excelente "popurri" de poemas dedicados a los muertos ahora que
se acerca el día, la verdad es que tocas el tema magistralmente, los
he disfrutado mucho, gracias por compartirlos Martín. Besitos
apretados en tus mejillas.
Gracias, mi querida poeta Anita. Le escribí estas líneas a un tío muy cercano que murió muy joven de padecimientos derivados del alcoholismo, y se me ha ocurrido reunir algunos de esos textos dedicados a personas que ya no están entre nosotros para celebrar su memoria en este Xantolo, que es la Fiesta de los Muertos.
Viva la vida. Te abrazo con gran afecto.
 
Se te cayó el sombrero
y el palomo de tu frente desplegó la escasa plata
de su fidedigna estrella
para trazar un rayo fugaz en el tiempo.

Empezabas a no estar tus pupilas:
te disolvías en tu mirada
que te miraba a los ojos desde ningún espejo.

Era Ella porque no había nadie.
Ella, la del principio, con su hilo de regreso
al inasible exterior del laberinto.

Para que el miedo no se enterara del miedo,
tus dedos aprisionaban un gesto de niño
para volcarlo a tu rostro
al cumplirse el anunciado momento.
Era un cruel vestigio de sonrisa.
Era, todavía, la esperanza.

Nunca creíste ser tan alto.
Ya no estaba el sombrero,
ya no estaban tus manos
cuando te inclinaste a recogerlo.

***

Para no amanecer en sábado,
el gallo de la luna entera
fue devorado por su canto.

Cuarenta y ocho toros del color de su bramido
rumiaban la blancura de las paredes entumidas.
En las últimas notas del corrido helado
cayeron tus pestañas al negro tejido del acecho.

Y tú, con tus pies mojados,
con tu antorcha débil,
contemplabas tu caballo
al otro lado de un río cada vez más ancho.

La botella que deshabitó de ti tu sangre
se hizo pedazos en su fondo,
y murmuraste:
Aún es temprano y tengo sed.
No debo morir.
No moriré.

Pero ya estabas muerto,
y no te escuchaste.

Muerto, y una magnolia de aroma sin tinte
usurpó tus manos.

Muerto, y el aire estentóreo
robó para si tus pulmones.

Muerto, y un pesado cuarzo
se clausuró de transparencia en tus ojos.

Muerto, y tu cuerpo de agua adentrada
se hundió en el sepulcro mineral de tu cuerpo.

Muerto, y tu cuerpo se selló con tu
cuerpo
hondo, hondo, cada vez más hondo.


Muerto, y tu pensamiento replegó sus orillas
para abarcar entero el inmóvil oleaje del silencio muerto.

Nada más que muerto.


***

Nada dijo de ti tu muerte.

Cerraron tus párpados
y no asomaste un último clavel
para expresar que era paz
esa mansedumbre vacía de ti.

Ningún colibrí anunció en el algodón de tus labios
que más allá de su inercia de boca
tu sonrisa estaba a salvo.

Porque nada dijo la muerte sino nada,
solo hablará de ti tu vida
con la sentida nostalgia de conjugar en pasado
lo pronto perderá testigos.

Tu casa, tus prados, tus higueras,
las manos de tu mujer, los ojos de tus hijos
irán tomando posesión de tu ausencia,
mientras seas ausencia y no olvido.

Mientras seas ausencia y no olvido,
tu vida dirá de ti tu vida.

La muerte aún no te conoce.

16 – 20 de noviembre de 2013

También me gustó mucho, y muchos versos que admiro.
Tu casa, tus prados, tus higueras,
las manos de tu mujer, los ojos de tus hijos
irán tomando posesión de tu ausencia,
mientras seas ausencia y no olvido.

Genial.
 
POETA! se diluye en la memoria un prisma de vida y la muerte va dejando su rastro, mientras se amalgama solo una y aun así en su coherencia es capaz de recorrer un mundo.

que bello escribes.
un abrazo.
Me congratula lo que expresas, mi camarada Nudo, y te lo agradezco. Tendré que irte a leer a los Góticos, foro al que nunca he entrado por mi propensión a la necromancia, como puedes notar.
Va mi abrazo chido.
 
Tan puta es ella, la muerte de la que es lo único seguro que tenemos, pero más allá está la ausencia y no hablo del no amor, hablo del hondísimo vacío que a veces se cuela por los ojos; ahora bien el tema ella, la muerte digo, es que ella nos muestra sus caras de diferentes formas, en diferentes direcciones y definiciones...
Siempre es un lujo leerte, te dejo el abrazo que cobije tu noche, no tanto como ella la puta muerte pero que te cobije.
Te amo nene.....
 
Tan puta es ella, la muerte de la que es lo único seguro que tenemos, pero más allá está la ausencia y no hablo del no amor, hablo del hondísimo vacío que a veces se cuela por los ojos; ahora bien el tema ella, la muerte digo, es que ella nos muestra sus caras de diferentes formas, en diferentes direcciones y definiciones...
Siempre es un lujo leerte, te dejo el abrazo que cobije tu noche, no tanto como ella la puta muerte pero que te cobije.
Te amo nene.....
De entre lo que no es muerte me gustan pocas cosas y algunas personas, y allí te cuento a ti, que estás viva -espero que por otros mil o dos mil años más- y eres un encanto de persona.
Gracias por tus palabras y tu afecto y tu carita de niña que lleno de besos.
Te quiero mucho, querida poeta Ros. Te sonrío con mis dientes chuecos. :D
 

Se te cayó el sombrero
y el palomo de tu frente desplegó la escasa plata
de su fidedigna estrella
para trazar un rayo fugaz en el tiempo.

Empezabas a no estar tus pupilas:
te disolvías en tu mirada
que te miraba a los ojos desde ningún espejo.

Era Ella porque no había nadie.
Ella, la del principio, con su hilo de regreso
al inasible exterior del laberinto.

Para que el miedo no se enterara del miedo,
tus dedos aprisionaban un gesto de niño
para volcarlo a tu rostro
al cumplirse el anunciado momento.
Era un cruel vestigio de sonrisa.
Era, todavía, la esperanza.

Nunca creíste ser tan alto.
Ya no estaba el sombrero,
ya no estaban tus manos
cuando te inclinaste a recogerlo.

***

Para no amanecer en sábado,
el gallo de la luna entera
fue devorado por su canto.

Cuarenta y ocho toros del color de su bramido
rumiaban la blancura de las paredes entumidas.
En las últimas notas del corrido helado
cayeron tus pestañas al negro tejido del acecho.

Y tú, con tus pies mojados,
con tu antorcha débil,
contemplabas tu caballo
al otro lado de un río cada vez más ancho.

La botella que deshabitó de ti tu sangre
se hizo pedazos en su fondo,
y murmuraste:
Aún es temprano y tengo sed.
No debo morir.
No moriré.

Pero ya estabas muerto,
y no te escuchaste.

Muerto, y una magnolia de aroma sin tinte
usurpó tus manos.

Muerto, y el aire estentóreo
robó para si tus pulmones.

Muerto, y un pesado cuarzo
se clausuró de transparencia en tus ojos.

Muerto, y tu cuerpo de agua adentrada
se hundió en el sepulcro mineral de tu cuerpo.

Muerto, y tu cuerpo se selló con tu
cuerpo
hondo, hondo, cada vez más hondo.


Muerto, y tu pensamiento replegó sus orillas
para abarcar entero el inmóvil oleaje del silencio muerto.

Nada más que muerto.


***

Nada dijo de ti tu muerte.

Cerraron tus párpados
y no asomaste un último clavel
para expresar que era paz
esa mansedumbre vacía de ti.

Ningún colibrí anunció en el algodón de tus labios
que más allá de su inercia de boca
tu sonrisa estaba a salvo.

Porque nada dijo la muerte sino nada,
solo hablará de ti tu vida
con la sentida nostalgia de conjugar en pasado
lo pronto perderá testigos.

Tu casa, tus prados, tus higueras,
las manos de tu mujer, los ojos de tus hijos
irán tomando posesión de tu ausencia,
mientras seas ausencia y no olvido.

Mientras seas ausencia y no olvido,
tu vida dirá de ti tu vida.

La muerte aún no te conoce.


16 – 20 de noviembre de 2013


Mi Admirado Poeta y Querido AmigoP @Martín Vera :

Está largo como la cuaresma tribucita, ya sé que andas re fascinated con el tema que te rebosa pero calma hahaha, nah, ya sabes que aunque fueran cuatrocientas cuartillas o más, tu enana exagerada igual te leería. Tres fases de la muerte de Ruperto, tan significante y tan vivo a la vez que inolvidable. Lo anegrado, es importante, 4 días escribiendo... y has podido comprobarlo mi sangre violeta, todavía no lo conoce la muerte, porque sigue viviendo al ser recordado. Está de más decirte lo mucho que me ha fascinado leerte así, pero yo ya sabía que escribías así. Por favor no dejes que nadie empañe su recuerdo y seguilo recordando para que siga vivo, así... Muchas Gracias por compartir tu Arte del Alma y tus versos tan de ti. Enhorabuena! Por favor acepta mi saludo cariñoso y mis mejores deseos sinfín
 
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