No lo insinuó ninguno de los dos
y en las dunas aramos nuestras huertas,
el par de fantasías menos ciertas
de estancia onírica y cantar sin voz.
No sé si más despacio que veloz
llegó el latir brutal de las alertas.
Cerramos las ventanas y las puertas.
Olvidamos saludos y un adiós.
Así elegimos no decirnos nada.
Sin un real motivo que lo impulse
la comedia divide la jornada.
Aguardas el momento en que se expulse
la duda que conforma tu carnada.
Gracias, por lastimar con tono dulce.
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