La luz del amanecer
se posa sobre mi cama
acariciándome con el sueño,
atravesando la almohada,
llevándome a otros tiempos
donde se alargan y se encogen las palabras.
Vi la puerta de los ojos
y los pensamientos,
y volé como las aves
por el borde de mi vida.
El recorrido era sereno,
sin ruido a penas
y solo la tarde aparecía.
La claridad era rojiza,
los movimientos lentos,
una brisa caliente me envolvía.
Los problemas cotidianos no dolían
y la fuerza me asistía siempre
sin dejar que la duda
de la debilidad apareciese.
Como si condujera un vehículo
conducía mi vida sin titubeos,
me sentí segura.
Desperté despacio,
con sosiego.
Reconocía mi vida,
conecte con mis sentimientos escondidos
que acariciaban mi seguridad
y lo fije para siempre
en los latidos de mi corazón.
378
se posa sobre mi cama
acariciándome con el sueño,
atravesando la almohada,
llevándome a otros tiempos
donde se alargan y se encogen las palabras.
Vi la puerta de los ojos
y los pensamientos,
y volé como las aves
por el borde de mi vida.
El recorrido era sereno,
sin ruido a penas
y solo la tarde aparecía.
La claridad era rojiza,
los movimientos lentos,
una brisa caliente me envolvía.
Los problemas cotidianos no dolían
y la fuerza me asistía siempre
sin dejar que la duda
de la debilidad apareciese.
Como si condujera un vehículo
conducía mi vida sin titubeos,
me sentí segura.
Desperté despacio,
con sosiego.
Reconocía mi vida,
conecte con mis sentimientos escondidos
que acariciaban mi seguridad
y lo fije para siempre
en los latidos de mi corazón.
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