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Poeta fiel al portal
Acumulador compulsivo
Homo sapiens maldito.
Aquel viejo baúl
era un personaje más de la habitación
mudo como una boca con hostia,
nunca hablaba y tenía sus secretos allí
en ese vientre de tabla azul que abriste sin pensar.
Tu vida estaba aquí;
En viejas letanías apostillando el alma
sentada a la ventana o de rodillas,
momificado e intacto todo,
aquí se detuvo tu reloj cucú/el que contaba los segundos de tu cielo.
Eran los tiempos del suplicio del amor,
donde los ojos vaciaban el jade y el agua de su cuerpo
hasta saciar el cansancio,
allí encontraste aun cajitas con olor de besos olvidados,
de manos entibiadas,
de sueños humedecidos con el sudor de su espalda
¡Cuántas caricias escondidas en tu seno!
(ropaje de gacela lerda, tierna e inquieta)
en resmas de cartas olvidadas
(como leprosos en salas de cura)
nunca abiertas, ni vistas
preferías solo amar sin saber que amabas
emponzoñando tu boca una vez más.
Un cuarto menguante hería
de nuevo entre el pecho y tu seno,
escondiendo migajas de nuevo,
de nuevo lo nuevo se hace viejo.
¡No entiendes que son solo recuerdos!
recuerdos tomados de prisa y al azar en un hostal.
Eran noches obscuras,
tropezabas con tu sombra y tu incienso juvenil
y todo iba a parar al sauce plantado en tus ojos
¡Solo esperabas la tormenta!
esperando hallar un faro que te guie de nuevo allí.
Era difícil deshacerse de los abrazos
de su lazo de fuego, de su mástil de magna,
donde la psique se abandonaba al antojo.
Era difícil deshacerse de imágenes desnudas
como árboles en otoño
invadiéndolo todo.
Ahora ya nada cubría la imaginación
en el carmín más profundo de ti.!
¡Carne, siempre es carne y también digital!
"homo homini lupus"
y esta vez no sería distinto.
Tù misma te acechabas entre las paredes de la habitación,
escudriñando con los ojos algo que te delate;
aglutinabas cada cosa incluso tu saliva acida
y quemabas tus cenizas,
tu mano buscaba alimentarse de ti
y tu misma lo negabas.
Eras tu hundiéndote en el mismo sueño
en el barro de la misma historia
y el soplo de la vida caía al amanecer sobre tu silueta seca.
¡Incluso en lo onírico eras tu enemigo!
Siempre fuiste pan,
siempre supiste a nada,
sabias de algo ya pasado, de algo ya vivido
y el agua de tu manantial era un ingrato reflejo
donde la sombra de los chopos caía triste al atardecer.
Aquel viejo baúl
era un personaje más de la habitación
mudo como una boca con hostia,
nunca hablaba y tenía sus secretos allí
en ese vientre de tabla azul que cerraste sin pensar.
Homo sapiens maldito.
Aquel viejo baúl
era un personaje más de la habitación
mudo como una boca con hostia,
nunca hablaba y tenía sus secretos allí
en ese vientre de tabla azul que abriste sin pensar.
Tu vida estaba aquí;
En viejas letanías apostillando el alma
sentada a la ventana o de rodillas,
momificado e intacto todo,
aquí se detuvo tu reloj cucú/el que contaba los segundos de tu cielo.
Eran los tiempos del suplicio del amor,
donde los ojos vaciaban el jade y el agua de su cuerpo
hasta saciar el cansancio,
allí encontraste aun cajitas con olor de besos olvidados,
de manos entibiadas,
de sueños humedecidos con el sudor de su espalda
¡Cuántas caricias escondidas en tu seno!
(ropaje de gacela lerda, tierna e inquieta)
en resmas de cartas olvidadas
(como leprosos en salas de cura)
nunca abiertas, ni vistas
preferías solo amar sin saber que amabas
emponzoñando tu boca una vez más.
Un cuarto menguante hería
de nuevo entre el pecho y tu seno,
escondiendo migajas de nuevo,
de nuevo lo nuevo se hace viejo.
¡No entiendes que son solo recuerdos!
recuerdos tomados de prisa y al azar en un hostal.
Eran noches obscuras,
tropezabas con tu sombra y tu incienso juvenil
y todo iba a parar al sauce plantado en tus ojos
¡Solo esperabas la tormenta!
esperando hallar un faro que te guie de nuevo allí.
Era difícil deshacerse de los abrazos
de su lazo de fuego, de su mástil de magna,
donde la psique se abandonaba al antojo.
Era difícil deshacerse de imágenes desnudas
como árboles en otoño
invadiéndolo todo.
Ahora ya nada cubría la imaginación
en el carmín más profundo de ti.!
¡Carne, siempre es carne y también digital!
"homo homini lupus"
y esta vez no sería distinto.
Tù misma te acechabas entre las paredes de la habitación,
escudriñando con los ojos algo que te delate;
aglutinabas cada cosa incluso tu saliva acida
y quemabas tus cenizas,
tu mano buscaba alimentarse de ti
y tu misma lo negabas.
Eras tu hundiéndote en el mismo sueño
en el barro de la misma historia
y el soplo de la vida caía al amanecer sobre tu silueta seca.
¡Incluso en lo onírico eras tu enemigo!
Siempre fuiste pan,
siempre supiste a nada,
sabias de algo ya pasado, de algo ya vivido
y el agua de tu manantial era un ingrato reflejo
donde la sombra de los chopos caía triste al atardecer.
Aquel viejo baúl
era un personaje más de la habitación
mudo como una boca con hostia,
nunca hablaba y tenía sus secretos allí
en ese vientre de tabla azul que cerraste sin pensar.
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