Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Caminé sin dar un paso
entre el armario de mi dormitorio y el balcón de mi fracaso.
Caminé como si estuviera caminando
entre los relojes de mi corazón y el tiempo que había acabado.
Caminé al balcón, abrí el armario
y con una corbata vieja y un pañuelo que olía a tus manos
me até el corazón, lo guardé rezando,
le supliqué más de dos plegarias y lo guardé junto a mis zapatos.
Rasgué las sábanas que se me estaban secando
de tanto nunca usarlas por no dormir ya nunca a tu lado,
Rompí la segunda copa del brindis de fin de año,
abrí la tercera botella de cava, regué la maceta marchita de aquel verano.
No necesitaba ya nada, me bastaba solo un paso,
un empujón contra mí mismo y un vuelo a lo soñado.
Y salté, me dejé caer, pero no toqué el asfalto,
me pareció como si se me clavaran las ramas en la espalda de aquel árbol,
cada vez más arriba, flotaba como volando,
feliz de que hoy ya no caminabas a mi lado,
de la mano, como cuando me sentía sólo y caminaba sin que estuvieras caminando.
entre el armario de mi dormitorio y el balcón de mi fracaso.
Caminé como si estuviera caminando
entre los relojes de mi corazón y el tiempo que había acabado.
Caminé al balcón, abrí el armario
y con una corbata vieja y un pañuelo que olía a tus manos
me até el corazón, lo guardé rezando,
le supliqué más de dos plegarias y lo guardé junto a mis zapatos.
Rasgué las sábanas que se me estaban secando
de tanto nunca usarlas por no dormir ya nunca a tu lado,
Rompí la segunda copa del brindis de fin de año,
abrí la tercera botella de cava, regué la maceta marchita de aquel verano.
No necesitaba ya nada, me bastaba solo un paso,
un empujón contra mí mismo y un vuelo a lo soñado.
Y salté, me dejé caer, pero no toqué el asfalto,
me pareció como si se me clavaran las ramas en la espalda de aquel árbol,
cada vez más arriba, flotaba como volando,
feliz de que hoy ya no caminabas a mi lado,
de la mano, como cuando me sentía sólo y caminaba sin que estuvieras caminando.
Última edición: