BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo sé que de noche, me esperan.
Y saltan, se abalanzan, se expresan.
Son muros altos y desesperantes.
Que crecen en la vigilia y de noche,
llegan hasta mi cabeza. Sí, altos
y desesperantes. Son muros suspendidos
en latitudes insondables, en insomnios
crujientes como albercas con escarcha.
Donde caras, y rostros, quizás brazos,
roen mi memoria y la empequeñecen.
Yo sé que, a la noche, me esperan,
los muros, como barcos partiendo mis venas.
©
Y saltan, se abalanzan, se expresan.
Son muros altos y desesperantes.
Que crecen en la vigilia y de noche,
llegan hasta mi cabeza. Sí, altos
y desesperantes. Son muros suspendidos
en latitudes insondables, en insomnios
crujientes como albercas con escarcha.
Donde caras, y rostros, quizás brazos,
roen mi memoria y la empequeñecen.
Yo sé que, a la noche, me esperan,
los muros, como barcos partiendo mis venas.
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