Pavel Eduren
Poeta fiel al portal
Me han dado las tres de la mañana,
combatiendo, otra vez, el insomnio. Mis pupilas arden como esa arena triste que se queda tan cerca - y tan lejos - del mar.
Es en estas horas inciertas, rodeado de silencio, escuchando tu respiración acompasada, en las que el angustioso tic-toc del reloj hacen flaquear todos estos sueños que llevo dentro.
Y,
Es que a pesar de la tranquilidad que me rodea, he sido siempre un tipo preocupado, de esos tontos que tienen al pasado, al presente y al futuro como eternas mochilas en la espalda
- y eso cansa, pero no tanto como para reconciliarme con mi almohada.
Pero tú no te preocupes, que esto siempre se me pasa, no es culpa tuya ni de nadie, no es la duda ni el amor
- he sido así desde que tengo memoria.
Quisiera poder cambiarlo, pero creo que si pudiera, no lo haría. Es que, en estos momentos tan llenos de mí, en este tiempo tan rodeado de mí mismo es donde las palabras vienen con mejor compás, no sé si serán las mejores, solo sé que llegan,
- y a veces, como en la vida, eso es suficiente.
Son ya las tres con veinte, y venía a dejarnos un verso:
Deshojando a Neruda me recuerdo,
me recuerdo en un verano tan dorado como el trigo, buscándote, buscándote un verso que te conquiste, recuerda que yo, era algo torpe para estas cosas del corazón - y un tanto distraído - pues mientras me afanaba en la búsqueda de cielos estrellados, en besos que te vuelen los ojos y te cierren la boca, mientras escogía entre el rocío o las corolas, tú, rauda e indomable, segura como las raíces del roble, ya lo habías hecho, no por mi ni por ti, por nosotros.
Por ese nosotros que hoy es presente, pasado y futuro, algo que un tipo preocupado como yo no habría visto, por esta mochila de tiempos y aventuras más no de cargas.
Siempre te estaré agradecido - si no fuera por ti - todavía estaría buscándome entre las líneas de una canción desesperada.
combatiendo, otra vez, el insomnio. Mis pupilas arden como esa arena triste que se queda tan cerca - y tan lejos - del mar.
Es en estas horas inciertas, rodeado de silencio, escuchando tu respiración acompasada, en las que el angustioso tic-toc del reloj hacen flaquear todos estos sueños que llevo dentro.
Y,
Es que a pesar de la tranquilidad que me rodea, he sido siempre un tipo preocupado, de esos tontos que tienen al pasado, al presente y al futuro como eternas mochilas en la espalda
- y eso cansa, pero no tanto como para reconciliarme con mi almohada.
Pero tú no te preocupes, que esto siempre se me pasa, no es culpa tuya ni de nadie, no es la duda ni el amor
- he sido así desde que tengo memoria.
Quisiera poder cambiarlo, pero creo que si pudiera, no lo haría. Es que, en estos momentos tan llenos de mí, en este tiempo tan rodeado de mí mismo es donde las palabras vienen con mejor compás, no sé si serán las mejores, solo sé que llegan,
- y a veces, como en la vida, eso es suficiente.
Son ya las tres con veinte, y venía a dejarnos un verso:
Deshojando a Neruda me recuerdo,
me recuerdo en un verano tan dorado como el trigo, buscándote, buscándote un verso que te conquiste, recuerda que yo, era algo torpe para estas cosas del corazón - y un tanto distraído - pues mientras me afanaba en la búsqueda de cielos estrellados, en besos que te vuelen los ojos y te cierren la boca, mientras escogía entre el rocío o las corolas, tú, rauda e indomable, segura como las raíces del roble, ya lo habías hecho, no por mi ni por ti, por nosotros.
Por ese nosotros que hoy es presente, pasado y futuro, algo que un tipo preocupado como yo no habría visto, por esta mochila de tiempos y aventuras más no de cargas.
Siempre te estaré agradecido - si no fuera por ti - todavía estaría buscándome entre las líneas de una canción desesperada.
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