Jack82
Poeta recién llegado
<<Nos hemos encontrado la cartera de un turista polaco>>, dijo uno de ellos. Por algún motivo las tarjetas de crédito les permitían sacar dinero sin necesidad de contraseña, pero tenían un límite diario de saldo. Dudé de lo primero.
Cuando nos encontramos ya tenían en su poder unos cientos de euros, e iban en busca de otros cajeros para poder exprimir todo lo que pudieran antes de que el propietario bloquease las cuentas.
Era Sábado de madrugada y eran jóvenes, de aspecto saludable, y vestían ropa discreta. Sólo si posabas la mirada en ellos detenidamente, podrías pensar que quizá fueran chavales de algún barrio del extrarradio, pero nada en particular llamaba la atención de su aspecto. Dos chicos y una chica, que habían dado con más dinero del que probablemente nunca habían tenido en sus manos, y que pasadas 24 horas, podrían duplicar si el turista no se daba prisa en hacer los correspondientes trámites.
Iban saltando literalmente de alegría por los pasillos del metro, con aire de impaciencia por encontrar el siguiente dispensador de billetes que no pusiera trabas al engrose de su tesoro.
Nos separamos cuando ya había amanecido. No debió durarles mucho el dinero por la manera en que lo estaban dilapidando a esas horas: una pequeña botella de plástico vacía como herramienta principal, y esas pequeñas piedras blancas que se derriten al calor de la llama, eran lo único que buscaban para celebrar su suerte. Parecían tener muchas expectativas en aquel humo blanco que les cambió el semblante, aunque mi percepción fue que su euforia se había disipado.
Un refrán dice que la procesión va por dentro, y otro que la cara es el espejo del alma.
Hoy busco los distintos significados de la palabra crédito.
Cuando nos encontramos ya tenían en su poder unos cientos de euros, e iban en busca de otros cajeros para poder exprimir todo lo que pudieran antes de que el propietario bloquease las cuentas.
Era Sábado de madrugada y eran jóvenes, de aspecto saludable, y vestían ropa discreta. Sólo si posabas la mirada en ellos detenidamente, podrías pensar que quizá fueran chavales de algún barrio del extrarradio, pero nada en particular llamaba la atención de su aspecto. Dos chicos y una chica, que habían dado con más dinero del que probablemente nunca habían tenido en sus manos, y que pasadas 24 horas, podrían duplicar si el turista no se daba prisa en hacer los correspondientes trámites.
Iban saltando literalmente de alegría por los pasillos del metro, con aire de impaciencia por encontrar el siguiente dispensador de billetes que no pusiera trabas al engrose de su tesoro.
Nos separamos cuando ya había amanecido. No debió durarles mucho el dinero por la manera en que lo estaban dilapidando a esas horas: una pequeña botella de plástico vacía como herramienta principal, y esas pequeñas piedras blancas que se derriten al calor de la llama, eran lo único que buscaban para celebrar su suerte. Parecían tener muchas expectativas en aquel humo blanco que les cambió el semblante, aunque mi percepción fue que su euforia se había disipado.
Un refrán dice que la procesión va por dentro, y otro que la cara es el espejo del alma.
Hoy busco los distintos significados de la palabra crédito.
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