El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un poema que escribí al sentimiento de soledad, a estar encajonada en una enfermedad. Para dos mujeres muy especiales que atraviezan momentos difíciles, les dediqué estas letricas. Las quiero mucho.
Trincheras de dolor
Solitaria, enraizada en su destino,
acrisolada, mutilada y presa,
-espiga de cartón, dolor y fuego-
Listón raído que suelta sus pétalos
enraizados en las auroras de su pena;
ella es crisálida del tiempo
y catapulta su queja en el silencio adormecido
en un sendero de espinas de cristal.
En rincones de añoranza desata sus tormentas
y hace un sepulcro a su dolor,
entre fuego que arde en las trincheras de sus manos.
Enebro del trazo de la noche,
tabernáculo sombrío, guijarro que cruje a paso lento,
aparta las adargas de aguijones que revientan sus entrañas
entre el laberinto enredado por la bruma
y libera el lamento de su angustia.
Azalea.
Qué intensidad, Azalea, la de tu poema. La enfermedad es durísima, lleva asociada unos elementos más allá del propio dolor físico y a pesar de ser evidente lo olvidamos. Me atrevo a decir que sentirse enfermo lleva inherente el sentirse solo, por eso cuando alguien nos acompaña y hace de nuestra causa la suya se minimiza. Tus personas son muy afortunadas. Aquí diría que "el amor todo lo cambia", aunque no todo lo pueda.
Un abrazo, compañera.
Eva
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