miguegarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un poema de límpida estructura
atesoré en las horas de mi infancia,
una rosa me dio, con su fragancia,
su cándido rubor y su textura.
Mis años cruza, asida a su hermosura,
intacta ante el dolor y la distancia,
nutriendo la virtud de su elegancia
lo mismo con amor que con ternura.
Tan sólo es una flor y, sin embargo,
es la preciada ofrenda que en mi pecho
en dulce torna el tiempo más amargo
y en vasto el horizonte más estrecho.
La inmarcesible rosa de Martí
cultivo en estos versos para ti.
atesoré en las horas de mi infancia,
una rosa me dio, con su fragancia,
su cándido rubor y su textura.
Mis años cruza, asida a su hermosura,
intacta ante el dolor y la distancia,
nutriendo la virtud de su elegancia
lo mismo con amor que con ternura.
Tan sólo es una flor y, sin embargo,
es la preciada ofrenda que en mi pecho
en dulce torna el tiempo más amargo
y en vasto el horizonte más estrecho.
La inmarcesible rosa de Martí
cultivo en estos versos para ti.
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