Vendrá el otoño...

Pyck05

Poeta adicto al portal
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Vendrá el otoño,
cargado de colores,
para ir de fiesta.

Con él iremos
a fiestas y paseos,
seguramente.

Y nos reiremos,
sintiendo sus caricias
en el deshoje.

Y aquellos miedos
surgidos desde niños
se marcharán.

Y es que el otoño
es tiempo de descanso
tras el verano.

Precisa el alma
momentos de equilibrio
y de silencio.

Sobran palabras,
avisos y consejos
de pubertad.

Porque el otoño
contiene lo que ansías
y mucho más.

Busca en sus hojas
los sueños que te pide
tu corazón.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/10/20
En realidad el otoño ya ha venido y quizás, por este cambio horario, se nota y acusa un poco más cada día. Por eso ahora puedo ver la belleza que hace días no le veía a esta época del año. A lo mejor por estar ya en él siento más el viento y veo las nubes de otra manera y hasta el abrazo de la brisa fría del noroeste me hace frotar las manos y buscar la bufanda invisible que proteja mi cuello, aunque también puede ser el estremecimiento de mi cuerpo, y no de frío, al escuchar el canto del río al pasar cerca y el coro de la lluvia al golpear en la claraboya y esos cientos y cientos de detalles que nos acercan más y más al otoño, y a la vida.
 
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Vendrá el otoño,
cargado de colores,
para ir de fiesta.

Con él iremos
a fiestas y paseos,
seguramente.

Y nos reiremos,
sintiendo sus caricias
en el deshoje.

Y aquellos miedos
surgidos desde niños
se marcharán.

Y es que el otoño
es tiempo de descanso
tras el verano.

Precisa el alma
momentos de equilibrio
y de silencio.

Sobran palabras,
avisos y consejos
de pubertad.

Porque el otoño
contiene lo que ansías
y mucho más.

Busca en sus hojas
los sueños que te pide
tu corazón.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/10/20
En realidad el otoño ya ha venido y quizás, por este cambio horario, se nota y acusa un poco más cada día. Por eso ahora puedo ver la belleza que hace días no le veía a esta época del año. A lo mejor por estar ya en él siento más el viento y veo las nubes de otra manera y hasta el abrazo de la brisa fría del noroeste me hace frotar las manos y buscar la bufanda invisible que proteja mi cuello, aunque también puede ser el estremecimiento de mi cuerpo, y no de frío, al escuchar el canto del río al pasar cerca y el coro de la lluvia al golpear en la claraboya y esos cientos y cientos de detalles que nos acercan más y más al otoño, y a la vida.
Unas grandes letras, nos pones en el portal.
Un gusto leerte.
Gracias, por traerlas.
Un besazo
 

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