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En realidad el otoño ya ha venido y quizás, por este cambio horario, se nota y acusa un poco más cada día. Por eso ahora puedo ver la belleza que hace días no le veía a esta época del año. A lo mejor por estar ya en él siento más el viento y veo las nubes de otra manera y hasta el abrazo de la brisa fría del noroeste me hace frotar las manos y buscar la bufanda invisible que proteja mi cuello, aunque también puede ser el estremecimiento de mi cuerpo, y no de frío, al escuchar el canto del río al pasar cerca y el coro de la lluvia al golpear en la claraboya y esos cientos y cientos de detalles que nos acercan más y más al otoño, y a la vida.
En realidad el otoño ya ha venido y quizás, por este cambio horario, se nota y acusa un poco más cada día. Por eso ahora puedo ver la belleza que hace días no le veía a esta época del año. A lo mejor por estar ya en él siento más el viento y veo las nubes de otra manera y hasta el abrazo de la brisa fría del noroeste me hace frotar las manos y buscar la bufanda invisible que proteja mi cuello, aunque también puede ser el estremecimiento de mi cuerpo, y no de frío, al escuchar el canto del río al pasar cerca y el coro de la lluvia al golpear en la claraboya y esos cientos y cientos de detalles que nos acercan más y más al otoño, y a la vida.