miguegarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los siglos de su sabia permanencia,
las lenguas que ha ataviado y conocido,
la gracia de su afeite y su vestido
y la huella que imprime su presencia.
La música que hay en su cadencia
si acaricia la rosa del oído,
la luz que resplandece en su sentido
cuando alcanza la voz de la conciencia.
Las almas seducidas por su canto
atravesando mares y fronteras,
su universo, minúsculo, infinito.
Todo lo que nos dice -y dice tanto-
con rítmicas y armónicas maneras
¿Qué puedo yo escribir, que no esté escrito?
las lenguas que ha ataviado y conocido,
la gracia de su afeite y su vestido
y la huella que imprime su presencia.
La música que hay en su cadencia
si acaricia la rosa del oído,
la luz que resplandece en su sentido
cuando alcanza la voz de la conciencia.
Las almas seducidas por su canto
atravesando mares y fronteras,
su universo, minúsculo, infinito.
Todo lo que nos dice -y dice tanto-
con rítmicas y armónicas maneras
¿Qué puedo yo escribir, que no esté escrito?