Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El sol se ha acomodado en tu ansiado regazo,
no llega hasta el vaivén de los ciegos viandantes;
esa luz gris y tenue tiene miedo al rechazo,
a los que sangran sombras y coagulan diamantes.
No deja rastro el brillo, acaso un embarazo,
un hijo del destello y de los detonantes
que se inmolan, mirada asesina, un pedazo
en penumbras que azota el parpadeo. Antes
de llegar a asumirlo, acaricias el cielo
más oscuro y abstracto. Justo antes de vivir,
perderás la memoria, te hundirás en el duelo.
Seguirás ideales, que nunca has de cumplir,
buscarás incendiarias estrellas en tu pelo,
no las encontrarás e ingenua has de morir.
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