lesmo
Poeta veterano en el portal
Me envuelve tu recuerdo cada noche,
y vuelas el espacio de mi alcoba,
y aun siendo solo imagen intangible
sentirte por el eter me enamora.
Ingrávida te alzas, y en tu frente
ostentando de luna una corona,
en esa esfera bella te presentas
cual ella, delicada y blanca diosa.
Mis ojos en tu cuerpo te recorren
y yendo a sus rincones se desbocan,
me siento el alazán que te posee
y por memorizarte en ti galopa.
Si tú como de fuego así me enciendes,
con dulces ademanes de amazona
reclamas mis esencias varoniles
que lúbricas por ti se me desbordan.
Tiende apacible noche el manto amable
que el céfiro amoroso desenrolla,
bordado con luceros matutinos
en el tul azulado de la aurora.
Entonces tú de niebla y blanca espuma
vestida, siempre dejas que en tu boca
te pose con mis labios dulce el beso
que te estremece entre suspiros toda.
Y muestras esplendor que todo ofusca,
inmoble con tu luz como de antorcha
te vuelves palpitante, hermosa estrella
que al universo mismo entero asombra.
Así de mi razón ardiente llama,
en medio del furor allí me arrobas
y enervas la pasión que en mí acontece
si con tu voz dulcísima me nombras.
Si acaso al despuntar la luz del día
te fueras, bien lo sé mi vida toda
te llevarás al mundo de mis sueños
siendo el ama de todos, gran señora.
y vuelas el espacio de mi alcoba,
y aun siendo solo imagen intangible
sentirte por el eter me enamora.
Ingrávida te alzas, y en tu frente
ostentando de luna una corona,
en esa esfera bella te presentas
cual ella, delicada y blanca diosa.
Mis ojos en tu cuerpo te recorren
y yendo a sus rincones se desbocan,
me siento el alazán que te posee
y por memorizarte en ti galopa.
Si tú como de fuego así me enciendes,
con dulces ademanes de amazona
reclamas mis esencias varoniles
que lúbricas por ti se me desbordan.
Tiende apacible noche el manto amable
que el céfiro amoroso desenrolla,
bordado con luceros matutinos
en el tul azulado de la aurora.
Entonces tú de niebla y blanca espuma
vestida, siempre dejas que en tu boca
te pose con mis labios dulce el beso
que te estremece entre suspiros toda.
Y muestras esplendor que todo ofusca,
inmoble con tu luz como de antorcha
te vuelves palpitante, hermosa estrella
que al universo mismo entero asombra.
Así de mi razón ardiente llama,
en medio del furor allí me arrobas
y enervas la pasión que en mí acontece
si con tu voz dulcísima me nombras.
Si acaso al despuntar la luz del día
te fueras, bien lo sé mi vida toda
te llevarás al mundo de mis sueños
siendo el ama de todos, gran señora.
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