Évano
Libre, sin dioses.
Es silencio que me expande
desde no se sabe dónde
hasta las afueras del universo;
vacío que me hace extraño
ante los mismos enseres de antes,
de las calles y edificios y nubes;
es tiempo, luz alejándose
del espejo de la vida.
Nada es igual, no hay personas,
ni calles ni paseos ni farolas.
Son siluetas impasibles
ante la quietud de silencio que me aplasta
y me estira al infinito
mientras dormita para siempre
mi alrededor moribundo.
Ya no es ni tristeza; sino algo
cuyo nombre no me atrevo,
mas intuyo la certeza de que avanza
tan clara como el silencio
que implosiona y se expande
desde el mismo centro
de no sé dónde.
No han sido ángeles sangrando lágrimas,
no han sido palomas cayendo de los aires del cielo,
ni truenos ni relámpagos rompiendo costillas.
No tengo que apuntalar mi mundo
como un día creí, pues este silencio
lo oscurece, lo minimiza y ni siquiera lo destruye,
pues te hace ver que quizá nunca nada existió.
Algo tan simple es peor que todo ello,
quizá peor que la muerte misma.
desde no se sabe dónde
hasta las afueras del universo;
vacío que me hace extraño
ante los mismos enseres de antes,
de las calles y edificios y nubes;
es tiempo, luz alejándose
del espejo de la vida.
Nada es igual, no hay personas,
ni calles ni paseos ni farolas.
Son siluetas impasibles
ante la quietud de silencio que me aplasta
y me estira al infinito
mientras dormita para siempre
mi alrededor moribundo.
Ya no es ni tristeza; sino algo
cuyo nombre no me atrevo,
mas intuyo la certeza de que avanza
tan clara como el silencio
que implosiona y se expande
desde el mismo centro
de no sé dónde.
No han sido ángeles sangrando lágrimas,
no han sido palomas cayendo de los aires del cielo,
ni truenos ni relámpagos rompiendo costillas.
No tengo que apuntalar mi mundo
como un día creí, pues este silencio
lo oscurece, lo minimiza y ni siquiera lo destruye,
pues te hace ver que quizá nunca nada existió.
Algo tan simple es peor que todo ello,
quizá peor que la muerte misma.