miguegarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un hombre, una mujer están a solas
en brazos del amor o del deseo
por una eternidad, un parpadeo,
son, sin morir, agonizantes olas.
Una ofrenda de trémulas farolas,
entrega sin reserva y sin rodeo
del jardín del edén divino empleo
y fiesta de la luz en las corolas.
Un hombre, una mujer, son un instante
sin ayer, sin ahora y sin mañana,
concilio de la piel y del sentido.
Del día y de la noche su semblante,
de la gloria, su forma más humana,
un hombre, una mujer en un latido.
en brazos del amor o del deseo
por una eternidad, un parpadeo,
son, sin morir, agonizantes olas.
Una ofrenda de trémulas farolas,
entrega sin reserva y sin rodeo
del jardín del edén divino empleo
y fiesta de la luz en las corolas.
Un hombre, una mujer, son un instante
sin ayer, sin ahora y sin mañana,
concilio de la piel y del sentido.
Del día y de la noche su semblante,
de la gloria, su forma más humana,
un hombre, una mujer en un latido.
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