Hannah Alarcón G.
Poeta asiduo al portal
Uno encuentra, por azares del destino, dirían algunos, personas agradables en el camino. Y desde un par de meses una chica en el gimnasio se ha tornado, además de una compañera de sesión, en una confidente. Mal hecho o no, mi falta de amistades me ha llevado a confiarle a ella gran parte de mi vida actual.
Ella dice que soy ermitaña, la verdad es que entre el trabajo y los chiquillos, el tiempo que me sobra, me gusta dejarlo para mí, escribir, leer, poner la tina y tomar un largo baño o simplemente poder comer con toda tranquilidad. Solo las que sean mamás podrán entender esto.
- Necesitas salir de tu zona de confort. Este fin de semana invité a unos amigos, un grupo, seis o siete, comida, vino y agradable plática. Ya es hora que tengas una conversación con adultos que no involucre tema de niños.
En eso tiene razón, desde hace cuatro años que mi vida pasó de, trabajo, trabajo a trabajo, casa.
Así que acepto y con todo el temor del mundo por haber olvidado lo que es estar entre gente civilizada, llego al lugar acordado.
Me encuentro con la agradable sorpresa de un grupo de amigo que se llevan de maravilla. Una pareja joven con hijos, los cuales dejaron en casa, dos o tres solteros, uno con pareja que por lo que escuché no la aguantan por eso no fue, un viudo y mi amiga.
La verdad que desde hace ya varios años que no pasaba una tarde noche tan agradable, plática, karaoke, al que me límité yo a escuchar.
Susana me ha dicho que me relaje y disfrute, parece que lo ermitaño es difícil de disimular y me sienten un poco tensa, así que me decido a disfrutar, platicar y participar.
Y comienzo a conversar y descubro a este chico, bueno tanto como chico no, me lleva diez años lo cual es perfecto, viudo hace cuatro, cuarenta y cinco de edad escuché decir, sin hijos.
Me le he pasado tan bien, tenemos intereses en común, platicamos, reímos, en ciertos momentos olvidábamos que había compañía y nos sumergimos en nuestro propio tema de conversación. Me sentía como esas películas románticas dónde dos se conocen y hacen clic inmediatamente.
A lo que debió haber sido la mitad del juego de mímica dónde hicimos un equipo pésimo gracias a mí y a él pareció no importarle y todos morimos de risa con mis gestos tratando de describir la pereza, palabras como flojo, muerto, desmayado salieron a la luz excepto pereza.
Regresando a mi asiento a su lado, entre risas le pregunto:
-¿Pésimo verdad?
Se acerca, muy cerca, demasiado
-Maravilloso hermosa.
Pone su mano debajo de mi oído, me atrae hacia él y me besa.
La sorpresa es suplida por sus cálidos labios, suaves, un beso tierno, perfecto. Un hueco en el estómago y el pecho lleno de emoción hace que me pierda en ese momento que pareció eterno.
Cuando por fin reacciono veo sus grandes ojos cafés y la respiración vuelve a mi cuerpo. Me percato de ese calor inconfundible que aparece al mismo tiempo que el rubor en mi rostro, ese que odio por no poder controlarlo.
- Lo siento. Dice con voz entrecortada.
Su rostro cambia de mágico momento a "no puede ser". La sala se ha llenado de un silencio sepulcral. De pronto las risas se han acabado y las miradas puestas sobre nosotros comienzan a pesar como la loza sobre el pipila en la Alhóndiga de Granaditas.
Se levanta y va hacia la cocina. Y yo sentada como niña regañada en el rincón.
- Bueno quién sigue.
Por ahí se escucha decir e intentan disimular el momento.
- ¿Vino?
No, no me gusta el vino, pero en este momento lo que sea para poder recapitular, quisiera me tragara la tierra.
Casualmente se ha hecho tarde y tengo que partir o en este caso salir huyendo. Susana sale de la cocina y lo veo con las otras chicas como si hubiera engañado a su difunta esposa y lo estuvieran consolando.
A falta de espacio he dejado el auto a media cuadra, habría querido dejarlo más lejos necesito una larga caminata.
Estoy pensando que esto del amor se me esta negando. Si no es que me caso con mi mejor amigo y me pone el cuerno en su crisis de la mediana edad, a sus cincuenta; me roba un beso un viudo que aún ama a su mujer en una no cita.
Me parece que volveré a ser ermitaña.
Ella dice que soy ermitaña, la verdad es que entre el trabajo y los chiquillos, el tiempo que me sobra, me gusta dejarlo para mí, escribir, leer, poner la tina y tomar un largo baño o simplemente poder comer con toda tranquilidad. Solo las que sean mamás podrán entender esto.
- Necesitas salir de tu zona de confort. Este fin de semana invité a unos amigos, un grupo, seis o siete, comida, vino y agradable plática. Ya es hora que tengas una conversación con adultos que no involucre tema de niños.
En eso tiene razón, desde hace cuatro años que mi vida pasó de, trabajo, trabajo a trabajo, casa.
Así que acepto y con todo el temor del mundo por haber olvidado lo que es estar entre gente civilizada, llego al lugar acordado.
Me encuentro con la agradable sorpresa de un grupo de amigo que se llevan de maravilla. Una pareja joven con hijos, los cuales dejaron en casa, dos o tres solteros, uno con pareja que por lo que escuché no la aguantan por eso no fue, un viudo y mi amiga.
La verdad que desde hace ya varios años que no pasaba una tarde noche tan agradable, plática, karaoke, al que me límité yo a escuchar.
Susana me ha dicho que me relaje y disfrute, parece que lo ermitaño es difícil de disimular y me sienten un poco tensa, así que me decido a disfrutar, platicar y participar.
Y comienzo a conversar y descubro a este chico, bueno tanto como chico no, me lleva diez años lo cual es perfecto, viudo hace cuatro, cuarenta y cinco de edad escuché decir, sin hijos.
Me le he pasado tan bien, tenemos intereses en común, platicamos, reímos, en ciertos momentos olvidábamos que había compañía y nos sumergimos en nuestro propio tema de conversación. Me sentía como esas películas románticas dónde dos se conocen y hacen clic inmediatamente.
A lo que debió haber sido la mitad del juego de mímica dónde hicimos un equipo pésimo gracias a mí y a él pareció no importarle y todos morimos de risa con mis gestos tratando de describir la pereza, palabras como flojo, muerto, desmayado salieron a la luz excepto pereza.
Regresando a mi asiento a su lado, entre risas le pregunto:
-¿Pésimo verdad?
Se acerca, muy cerca, demasiado
-Maravilloso hermosa.
Pone su mano debajo de mi oído, me atrae hacia él y me besa.
La sorpresa es suplida por sus cálidos labios, suaves, un beso tierno, perfecto. Un hueco en el estómago y el pecho lleno de emoción hace que me pierda en ese momento que pareció eterno.
Cuando por fin reacciono veo sus grandes ojos cafés y la respiración vuelve a mi cuerpo. Me percato de ese calor inconfundible que aparece al mismo tiempo que el rubor en mi rostro, ese que odio por no poder controlarlo.
- Lo siento. Dice con voz entrecortada.
Su rostro cambia de mágico momento a "no puede ser". La sala se ha llenado de un silencio sepulcral. De pronto las risas se han acabado y las miradas puestas sobre nosotros comienzan a pesar como la loza sobre el pipila en la Alhóndiga de Granaditas.
Se levanta y va hacia la cocina. Y yo sentada como niña regañada en el rincón.
- Bueno quién sigue.
Por ahí se escucha decir e intentan disimular el momento.
- ¿Vino?
No, no me gusta el vino, pero en este momento lo que sea para poder recapitular, quisiera me tragara la tierra.
Casualmente se ha hecho tarde y tengo que partir o en este caso salir huyendo. Susana sale de la cocina y lo veo con las otras chicas como si hubiera engañado a su difunta esposa y lo estuvieran consolando.
A falta de espacio he dejado el auto a media cuadra, habría querido dejarlo más lejos necesito una larga caminata.
Estoy pensando que esto del amor se me esta negando. Si no es que me caso con mi mejor amigo y me pone el cuerno en su crisis de la mediana edad, a sus cincuenta; me roba un beso un viudo que aún ama a su mujer en una no cita.
Me parece que volveré a ser ermitaña.