Khande Canes
Poeta recién llegado
Recuerdo a mis abuelas rezando el rosario como sacerdotisas antiguas invocando los poderes de la Tierra. El Sol entraba por el ventanal y tan solo se oían sus susurros mágicos. ¿A qué clase de dios veneraban?¿Cuántos muertos recordaban? Joans, Miquels, Tonis, Maries, Margalides, Magdalenes. Una lista interminable de hombres y mujeres que ya yacían bajo tierra. La súplica del perdón, la sumisión al Todopoderoso, la limpieza del espíritu. Sus voces, apenas perceptibles, apenas comprensibles, convertían el lugar en un templo, la mesa de madera en un altar y el aire que llenaba la estancia en incienso y éter. Los quince misterios de Cristo y la Virgen, un Padrenuestro antes de cada década. Gozo, dolor, gloria. Los ojos cerrados, las cuentas cayendo. Por un momento, Dios estaba ahí. Dios era el rosario. Dios era la luz del Sol. Dios era mis abuelas. Dios era la mesa, el susurro, la paz.