No te molestes en tallar la roca.
Un nombre sobre piedra nada siente.
El relieve de letras es silente
al llamado que a todos nos convoca.
Frente a unas flores casi secas, toca
deslizar esa lágrima doliente,
que brota como tinta insuficiente
para decir lo que calló la boca.
No quiero en mi epitafio poesía
ni que el silencio te genere ruido.
Que sea pausa breve tu estadía.
De vez en cuando piénsame. No pido
nada más. Es lo mismo que yo haría.
Y ya sin tanto cuento... me despido.
Última edición: