Vale la pena, a veces, estar triste.
Poner en perspectiva tu presente.
Un golpe de la vida se resiste,
un puñado parece algo indecente.
Quizás recibes tantos como diste.
Quizás convives con la deprimente
idea de orfandad con que naciste
y no puedes quitarte de la mente.
Tus metas nunca fueron ambiciosas.
¿Lograste superar el mes de junio
sin evocar imágenes nubosas?
Suicidio temporal de plenilunio.
¿Sin ánimo para cambiar las cosas?
Presiento que disfrutas tu infortunio.
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