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Corazón de ámbar

Cecilya

Cecy
Lo último que escuchó fue la voz de su mejor amigo, llamándolo. Preguntándole a los gritos adónde iba y por qué se alejaba de él al galope, en dirección a uno de los claros del monte por el cual transitaban para llegar al pueblo antes de que anocheciera.

Ahora solo escucha el rumor festivo de la ciudad a media tarde. Una ciudad a la que sabe y siente suya. El aire huele rico, a comida frita, a manzanas acarameladas de puestos callejeros, y una canción pegadiza brota desde algún lugar con un sonido algo distorsionado por la distancia. Sus pies quieren seguir ese ritmo alegre y sonríe mirando a un cielo desprovisto de nubes, de un azul que le parece producto de una ensoñación febril. Nadie lo observa, nadie conoce su identidad, es un hombre común transitando la callejuela peatonal decorada con guirnaldas y luces que se prenderán durante la celebración que llegará con la noche.
Hace un agradable calor, su ropa es maravillosamente cómoda, un ambo de lino gris con una casaca blanca que de tan sutil apenas siente que le roza la piel, y emana de su pecho un aroma de pino y otras maderas que no consigue identificar, pero que le provocan un efecto tranquilizador al que de a poco se va adaptando y le fascina.
Contempla su nombre en una tarjeta que extrajo del bolsillo izquierdo de su saco y se observa en una imagen de escasas dimensiones que le devuelve los rasgos tantas veces hallados en cristales. Se lee, se ve, se reconoce en ese nombre nuevo que lo identifica.
Luego acaricia el contenido de su bolsillo derecho como si acunara un pequeño tesoro que sabe que deberá tomar pronto.
El efecto placebo de su perfume muta a una sensación vibrante. No es la adrenalina que conoce bien, es otra revelación que pareciera conducir sus pasos por una ruta ya trazada.
Y entonces termina la calle y comienza ella.
No usa el vestido con el que la recuerda en imágenes difusas, sino que sus largas piernas están ocultas por una tela negra que las ciñe, sobre las que se descuelga una blusa amplia de color arena sin ninguna clase se adornos. Su peinado es diferente, también el color y la extensión de su cabello que enmarca lo único que vuelve a encantarlo. Su rostro, la expresión de sus ojos que permanece inmodificable.

Junto con el eco de una gélida memoria que se apaga con un protocolo de despedida y final, se enciende una cercanía libre de toda culpa.
Comprende que ya no hay pasado, ni mandatos, ni obligaciones, ni lealtades, ni errores caros de pagar y que un viejo libro de tormenta y penumbras se quema para siempre a mereced del ritmo feliz de una canción que no comprende por qué tararea, y que solo quiere bailar con ella que es su único recuerdo vivo en un vacío de paz absoluta. Su única buena elección, la más sabia y sensata de sus decisiones. Ahora todo es posible.

Antes de aferrarse a su cintura y besarla, extrae el tesoro del bolsillo derecho. Un anillo de oro de pétalos labrados, con una diminuta piedra de ámbar que emula el color de los ojos que lo miran tan encendidos como el joyel que sus manos sostienen con ternura.

-Es tuyo, no sé si lo encontré o él me encontró, ya no sé dónde ni cuándo…- le dice mientras lo desliza a través de su dedo fino, como de nácar, en un rito que trasciende todas las fronteras de su entendimiento racional, y no le importa más nada que entregarse a ese momento de música y amada algarabía de cielo abierto y azul.

Su mejor amigo lo halló muerto unos metros más adelante de la entrada de aquel claro en el que lo vio ingresar cuando se desvió del camino. Estaba tendido junto a dos robles que parecían conformar el arco de una puerta. Entre las ramas cruzadas de los dos árboles, se tejía una enredadera extraña, de bellas y delicadas flores de pétalos blancos y corazones ambarinos como centros. Él había cruzado ese portal agreste. Tenía una muy hermosa expresión de calma en el rostro.
Solo su caballo se veía triste, pastando muy cerca del cuerpo del amo.

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Y nos tendremos que "morir" en lugares inhóspitos para renacer donde queremos.
Y nos tendremos que configurar para ir a ese arco de árboles que quien sabe acá puede ser distinto o no físico para poder cruzar a realidades más prometedoras.

Dear: amo ( y sorry por el verbo que puse pero es el que cabe y va con respeto) leerte en cada publicación.
En prosa es como en aquellos días exceptuando que acá no hay tanta aceptación de la línea larga.
No importa.

Kiss in your sweet hand.
 
Y nos tendremos que "morir" en lugares inhóspitos para renacer donde queremos.
Y nos tendremos que configurar para ir a ese arco de árboles que quien sabe acá puede ser distinto o no físico para poder cruzar a realidades más prometedoras.

Dear: amo ( y sorry por el verbo que puse pero es el que cabe y va con respeto) leerte en cada publicación.
En prosa es como en aquellos días exceptuando que acá no hay tanta aceptación de la línea larga.
No importa.

Kiss in your sweet hand.


Este es claramente un público más direccionado hacia el poema, y está bien. Yo escribo prosas porque sí o sí se debe hacer lo que se siente. Más allá de las visitas o no visitas ;) Publicar en un foro menos popular es un reto que me atrae.
Tu visita me gusta, me lleva a los happy days.
Sí, bueno, no te voy a explicar el trasfondo de esta ficción, solo digamos que desde mi óptica, la muerte es metafórica, aunque se vea como literal. Eso vale la pena aclararlo y el resto es vuelo de cada persona que llegue a leer.
Y si, sería genial cruzar portales a otros planos más lindos, sobre todo en estos tiempos que transitamos. Tooodooo es posible.
No te preocupes por el verbo, entre amigos no tenemos que aclararnos nada, por eso justamente somos amigos y te entiendo así como vos me entendés a mi y ya está.
Gracias por tu compañía, Lord H con residencia en Londres.

Un gran abrazo.
 
Lo último que escuchó fue la voz de su mejor amigo, llamándolo. Preguntándole a los gritos adónde iba y por qué se alejaba de él al galope, en dirección a uno de los claros del monte por el cual transitaban para llegar al pueblo antes de que anocheciera.

Ahora solo escucha el rumor festivo de la ciudad a media tarde. Una ciudad a la que sabe y siente suya. El aire huele rico, a comida frita, a manzanas acarameladas de puestos callejeros, y una canción pegadiza brota desde algún lugar con un sonido algo distorsionado por la distancia. Sus pies quieren seguir ese ritmo alegre y sonríe mirando a un cielo desprovisto de nubes, de un azul que le parece producto de una ensoñación febril. Nadie lo observa, nadie conoce su identidad, es un hombre común transitando la callejuela peatonal decorada con guirnaldas y luces que se prenderán durante la celebración que llegará con la noche.
Hace un agradable calor, su ropa es maravillosamente cómoda, un ambo de lino gris con una casaca blanca que de tan sutil apenas siente que le roza la piel, y emana de su pecho un aroma de pino y otras maderas que no consigue identificar, pero que le provocan un efecto tranquilizador al que de a poco se va adaptando y le fascina.
Contempla su nombre en una tarjeta que extrajo del bolsillo izquierdo de su saco y se observa en una imagen de escasas dimensiones que le devuelve los rasgos tantas veces hallados en cristales. Se lee, se ve, se reconoce en ese nombre nuevo que lo identifica.
Luego acaricia el contendido de su bolsillo derecho como si acunara un pequeño tesoro que sabe que deberá extraer pronto.
El efecto placebo de su perfume muta a una sensación vibrante. No es la adrenalina que conoce bien, es otra revelación que pareciera conducir sus pasos por una ruta ya trazada.
Y entonces termina la calle y comienza ella.
No usa el vestido con el que la recuerda en imágenes difusas, sino que sus largas piernas están ocultas por una tela negra que las ciñe, sobre las que se descuelga una blusa amplia de color arena sin ninguna clase se adornos. Su peinado es diferente, también el color y la extensión de su cabello que enmarca lo único que vuelve a encantarlo. Su rostro, la expresión de sus ojos que permanece inmodificable.

Junto con el eco de una gélida memoria que se apaga con un protocolo de despedida y final, se enciende una cercanía libre de toda culpa.
Comprende que ya no hay pasado, ni mandatos, ni obligaciones, ni lealtades, ni errores caros de pagar y que un viejo libro de tormenta y penumbras se quema para siempre a mereced del ritmo feliz de una canción que no comprende por qué tararea, y que solo quiere bailar con ella que es su único recuerdo vivo en un vacío de paz absoluta. Su única buena elección, la más sabia y sensata de sus decisiones. Ahora todo es posible.

Antes de aferrarse a su cintura y besarla, extrae el tesoro del bolsillo derecho. Un anillo de oro de pétalos labrados, con una diminuta piedra de ámbar que emula el color de los ojos que lo miran tan encendidos como el joyel que sus manos sostienen con ternura.

-Es tuyo, no sé si lo encontré o él me encontró, ya no sé dónde ni cuándo…- le dice mientras lo desliza a través de su dedo fino, como de nácar, en un rito que trasciende todas las fronteras de su entendimiento racional, y no le importa más nada que entregarse a ese momento de música y amada algarabía de cielo abierto y azul.

Su mejor amigo lo halló muerto unos metros más adelante de la entrada de aquel claro en el que lo vio ingresar cuando se desvió del camino. Estaba tendido junto a dos robles que parecían conformar al arco de una puerta. Entre las ramas cruzadas de los dos árboles, se tejía una enredadera extraña, de bellas y delicadas flores de pétalos blancos y corazones ambarinos como centros. Él había cruzado ese portal agreste. Tenía una muy hermosa expresión de calma en el rostro.
Solo su caballo se veía triste, pastando muy cerca del cuerpo del amo.

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Ciertamente que el amor a veces mata, querida amiga Cecy, pero al menos el protagonista murió feliz, en calma, ¿ quizá era su propia muerte, la novia? Siempre me parecen admirables y enriquecedoras tus letras, bien definidas, enhorabuena por ello. Un abrazo.
 
Ciertamente que el amor a veces mata, querida amiga Cecy, pero al menos el protagonista murió feliz, en calma, ¿ quizá era su propia muerte, la novia? Siempre me parecen admirables y enriquecedoras tus letras, bien definidas, enhorabuena por ello. Un abrazo.

Primero, infinitas gracias por tu tiempo, de todo corazón.
Yo te cuento lo que quise expresar, en realidad la chica no es la muerte, es alguien que pasó a otro plano y lo llamó junto a ella.
Me gusta jugar con la idea de universos múltiples.
Morir en un plano para renacer en otro mucho mejor.
Pero si te digo la verdad verdadera, los elementos de ficción resumen mi idea de que siempre se puede elegir a qué realidad pertenecer. Se puede leer el cuento de forma literal, fantástica, o darle una pequeña mirada filosófica.
De todos modos ¡me encantó tu interpretación! Está bueno que haya muchas miradas de una misma lectura. Eso enriquece el trabajo, lo hace interesante.
Un abrazo, amigo querido y nuevamente gracias por la buena compañía.
 
Lo último que escuchó fue la voz de su mejor amigo, llamándolo. Preguntándole a los gritos adónde iba y por qué se alejaba de él al galope, en dirección a uno de los claros del monte por el cual transitaban para llegar al pueblo antes de que anocheciera.

Ahora solo escucha el rumor festivo de la ciudad a media tarde. Una ciudad a la que sabe y siente suya. El aire huele rico, a comida frita, a manzanas acarameladas de puestos callejeros, y una canción pegadiza brota desde algún lugar con un sonido algo distorsionado por la distancia. Sus pies quieren seguir ese ritmo alegre y sonríe mirando a un cielo desprovisto de nubes, de un azul que le parece producto de una ensoñación febril. Nadie lo observa, nadie conoce su identidad, es un hombre común transitando la callejuela peatonal decorada con guirnaldas y luces que se prenderán durante la celebración que llegará con la noche.
Hace un agradable calor, su ropa es maravillosamente cómoda, un ambo de lino gris con una casaca blanca que de tan sutil apenas siente que le roza la piel, y emana de su pecho un aroma de pino y otras maderas que no consigue identificar, pero que le provocan un efecto tranquilizador al que de a poco se va adaptando y le fascina.
Contempla su nombre en una tarjeta que extrajo del bolsillo izquierdo de su saco y se observa en una imagen de escasas dimensiones que le devuelve los rasgos tantas veces hallados en cristales. Se lee, se ve, se reconoce en ese nombre nuevo que lo identifica.
Luego acaricia el contendido de su bolsillo derecho como si acunara un pequeño tesoro que sabe que deberá extraer pronto.
El efecto placebo de su perfume muta a una sensación vibrante. No es la adrenalina que conoce bien, es otra revelación que pareciera conducir sus pasos por una ruta ya trazada.
Y entonces termina la calle y comienza ella.
No usa el vestido con el que la recuerda en imágenes difusas, sino que sus largas piernas están ocultas por una tela negra que las ciñe, sobre las que se descuelga una blusa amplia de color arena sin ninguna clase se adornos. Su peinado es diferente, también el color y la extensión de su cabello que enmarca lo único que vuelve a encantarlo. Su rostro, la expresión de sus ojos que permanece inmodificable.

Junto con el eco de una gélida memoria que se apaga con un protocolo de despedida y final, se enciende una cercanía libre de toda culpa.
Comprende que ya no hay pasado, ni mandatos, ni obligaciones, ni lealtades, ni errores caros de pagar y que un viejo libro de tormenta y penumbras se quema para siempre a mereced del ritmo feliz de una canción que no comprende por qué tararea, y que solo quiere bailar con ella que es su único recuerdo vivo en un vacío de paz absoluta. Su única buena elección, la más sabia y sensata de sus decisiones. Ahora todo es posible.

Antes de aferrarse a su cintura y besarla, extrae el tesoro del bolsillo derecho. Un anillo de oro de pétalos labrados, con una diminuta piedra de ámbar que emula el color de los ojos que lo miran tan encendidos como el joyel que sus manos sostienen con ternura.

-Es tuyo, no sé si lo encontré o él me encontró, ya no sé dónde ni cuándo…- le dice mientras lo desliza a través de su dedo fino, como de nácar, en un rito que trasciende todas las fronteras de su entendimiento racional, y no le importa más nada que entregarse a ese momento de música y amada algarabía de cielo abierto y azul.

Su mejor amigo lo halló muerto unos metros más adelante de la entrada de aquel claro en el que lo vio ingresar cuando se desvió del camino. Estaba tendido junto a dos robles que parecían conformar al arco de una puerta. Entre las ramas cruzadas de los dos árboles, se tejía una enredadera extraña, de bellas y delicadas flores de pétalos blancos y corazones ambarinos como centros. Él había cruzado ese portal agreste. Tenía una muy hermosa expresión de calma en el rostro.
Solo su caballo se veía triste, pastando muy cerca del cuerpo del amo.

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190902903_4136699603060331_8630232258788662996_n.jpg
Buenas tardes
Una hermosa lectura me dejas en mi paso
Gracías
Un saludo
 
Este es claramente un público más direccionado hacia el poema, y está bien. Yo escribo prosas porque sí o sí se debe hacer lo que se siente. Más allá de las visitas o no visitas ;) Publicar en un foro menos popular es un reto que me atrae.
Tu visita me gusta, me lleva a los happy days.
Sí, bueno, no te voy a explicar el trasfondo de esta ficción, solo digamos que desde mi óptica, la muerte es metafórica, aunque se vea como literal. Eso vale la pena aclararlo y el resto es vuelo de cada persona que llegue a leer.
Y si, sería genial cruzar portales a otros planos más lindos, sobre todo en estos tiempos que transitamos. Tooodooo es posible.
No te preocupes por el verbo, entre amigos no tenemos que aclararnos nada, por eso justamente somos amigos y te entiendo así como vos me entendés a mi y ya está.
Gracias por tu compañía, Lord H con residencia en Londres.

Un gran abrazo.

Más releo y más me gusta, dear.
Me quedó pendiente preguntar cuál sería la canción alegre, bailable y pegadiza que imaginaste.
Algo como Aserejé? :cool:
Este comentarista(inserte adjetivo positivo) está feliz de leerte.
Kiss in your hand.
 
Más releo y más me gusta, dear.
Me quedó pendiente preguntar cuál sería la canción alegre, bailable y pegadiza que imaginaste.
Algo como Aserejé? :cool:
Este comentarista(inserte adjetivo positivo) está feliz de leerte.
Kiss in your hand.


Siii, algo así como Aserejé. pero una que no tenga coreo, tampoco La Macarena; que sea festiva pero no para tanto. La idea es pensar en un tema pegadizo y alegre.
Algo como Il ballo del mattone :p o no sé, igual no menciono para que cada uno lo vea caminar al ritmo que quiera.
Tampoco hice descripciones físicas, me conocés y sabés que siempre que puedo las evito.
Gracias por releer y por traerme smiles.
El adjetivo positivo sería "generoso".
Muchas gracias nuevamente, Lord H.
Abrazos.
 
Lo último que escuchó fue la voz de su mejor amigo, llamándolo. Preguntándole a los gritos adónde iba y por qué se alejaba de él al galope, en dirección a uno de los claros del monte por el cual transitaban para llegar al pueblo antes de que anocheciera.

Ahora solo escucha el rumor festivo de la ciudad a media tarde. Una ciudad a la que sabe y siente suya. El aire huele rico, a comida frita, a manzanas acarameladas de puestos callejeros, y una canción pegadiza brota desde algún lugar con un sonido algo distorsionado por la distancia. Sus pies quieren seguir ese ritmo alegre y sonríe mirando a un cielo desprovisto de nubes, de un azul que le parece producto de una ensoñación febril. Nadie lo observa, nadie conoce su identidad, es un hombre común transitando la callejuela peatonal decorada con guirnaldas y luces que se prenderán durante la celebración que llegará con la noche.
Hace un agradable calor, su ropa es maravillosamente cómoda, un ambo de lino gris con una casaca blanca que de tan sutil apenas siente que le roza la piel, y emana de su pecho un aroma de pino y otras maderas que no consigue identificar, pero que le provocan un efecto tranquilizador al que de a poco se va adaptando y le fascina.
Contempla su nombre en una tarjeta que extrajo del bolsillo izquierdo de su saco y se observa en una imagen de escasas dimensiones que le devuelve los rasgos tantas veces hallados en cristales. Se lee, se ve, se reconoce en ese nombre nuevo que lo identifica.
Luego acaricia el contendido de su bolsillo derecho como si acunara un pequeño tesoro que sabe que deberá extraer pronto.
El efecto placebo de su perfume muta a una sensación vibrante. No es la adrenalina que conoce bien, es otra revelación que pareciera conducir sus pasos por una ruta ya trazada.
Y entonces termina la calle y comienza ella.
No usa el vestido con el que la recuerda en imágenes difusas, sino que sus largas piernas están ocultas por una tela negra que las ciñe, sobre las que se descuelga una blusa amplia de color arena sin ninguna clase se adornos. Su peinado es diferente, también el color y la extensión de su cabello que enmarca lo único que vuelve a encantarlo. Su rostro, la expresión de sus ojos que permanece inmodificable.

Junto con el eco de una gélida memoria que se apaga con un protocolo de despedida y final, se enciende una cercanía libre de toda culpa.
Comprende que ya no hay pasado, ni mandatos, ni obligaciones, ni lealtades, ni errores caros de pagar y que un viejo libro de tormenta y penumbras se quema para siempre a mereced del ritmo feliz de una canción que no comprende por qué tararea, y que solo quiere bailar con ella que es su único recuerdo vivo en un vacío de paz absoluta. Su única buena elección, la más sabia y sensata de sus decisiones. Ahora todo es posible.

Antes de aferrarse a su cintura y besarla, extrae el tesoro del bolsillo derecho. Un anillo de oro de pétalos labrados, con una diminuta piedra de ámbar que emula el color de los ojos que lo miran tan encendidos como el joyel que sus manos sostienen con ternura.

-Es tuyo, no sé si lo encontré o él me encontró, ya no sé dónde ni cuándo…- le dice mientras lo desliza a través de su dedo fino, como de nácar, en un rito que trasciende todas las fronteras de su entendimiento racional, y no le importa más nada que entregarse a ese momento de música y amada algarabía de cielo abierto y azul.

Su mejor amigo lo halló muerto unos metros más adelante de la entrada de aquel claro en el que lo vio ingresar cuando se desvió del camino. Estaba tendido junto a dos robles que parecían conformar al arco de una puerta. Entre las ramas cruzadas de los dos árboles, se tejía una enredadera extraña, de bellas y delicadas flores de pétalos blancos y corazones ambarinos como centros. Él había cruzado ese portal agreste. Tenía una muy hermosa expresión de calma en el rostro.
Solo su caballo se veía triste, pastando muy cerca del cuerpo del amo.

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La narración nos lleva por el camino sutil de la ensoñación. Nos empuja el anhelo, el afán de llegar a esa meta que deseamos, que sabemos que nos espera y que ansiamos fervientemente. Y así llegamos a la puerta, aquella puerta que no está hecha más que para nosotros, la que únicamente nosotros vemos. Tenemos al alcance de la mano el privilegio esperado, al fin concedido y al traspasar el umbral entramos en el mundo que siempre supimos que nos aguardaba. Allí la luz, el color, la música, el amor. Ese amor tan deseado, el que nos imaginamos en las horas de vigilia, en que creamos en los instantes de ensoñación.
La mano, blanca, de finos dedos, que espera la caricia del ámbar para tomar color, para llenarse de vida. ¡Qué más da que los demás sean incapaces de entenderlo! hemos llegado a otra dimensión, hemos cruzado el portal que nos lleva a otro universo. Que lloren aquí nuestra ausencia los que nunca vivieron un sueño.
Es un relato fabuloso, en los dos sentidos, de espléndido y de fantástico. Una prosa clara, envidiable, que se desliza desde la primera línea, enganchando al lector y llevándolo por tu mundo especial. Te diré que me ha entusiasmado. Tienes una musa fecunda y debes aprovecharla; te lo digo en plan egoísta, porque sé que disfrutaré mucho leyéndote.
Un abrazo Cecy.
 
Última edición:
Y así llegamos a la puerta, aquella puerta que no está hecha más que para nosotros, la que únicamente nosotros vemos. Tenemos al alcance de la mano el privilegio esperado, al fin concedido y al traspasar el umbral entramos en el mundo que siempre supimos que nos aguardaba. Allí la luz, el color, la música, el amor. Ese amor tan deseado, el que nos imaginamos en las horas de vigilia, en que creamos en los instantes de ensoñación.
La mano, blanca, de finos dedos, que espera la caricia del ámbar para tomar color, para llenarse de vida. ¡Qué más da que los demás sean incapaces de entenderlo! hemos llegado a otra dimensión, hemos cruzado el portal que nos lleva a otro universo. Que lloren aquí nuestra ausencia los que nunca vivieron un sueño.

Estuve mucho tiempo sin poder escribir una sola línea, que en mi caso es como ser un ave y estar enjaulada. Por suerte, y solo por ahora porque mañana nunca se sabe, estoy teniendo ganas de escribir y de contar cuentos breves que dan vueltas por mi cabeza por varias semanas hasta que los puedo armar. Son ideas sueltas que un día deciden unirse y entonces escribo.
Es muy lindo tu comentario, toca el corazón, como todos, es creativo y además de concordar con el alma del relato, lo enriquece.
Es una historia de amor, aunque no en un formato estándar. Puede tomarse como aventura fantástica con sus roles, o ver su simbología representada en esos personajes. Siempre me gustó tener las dos líneas, la literal y la que se puede inferir, como tan inteligentemente lo hiciste.
Creo que buscar mejores mundos en el nombre del amor real, lejos de ser una locura o arrebato, es pura sabiduría.
Infinitas gracias por el regalo de tu presencia.
Es motivador escribir si sé que quienes valoro van a leerme.
Un gran abrazo, amigo.
 
No hay un final, hay infinitos comienzos , siempre hay más que aprender, que mejorar y nos movemos en diferentes direcciones en busca de esa experiencia que nos hace falta, en ese sueño que queríamos cumplir. Es una maravillosa historia Cecy que he disfrutado muchísimo. Un gran abrazo y gracias por compartir tu obra.

La tuya es también una interpretación muy hermosa con respecto a mi relato. Yo atesoro cada comentario de lectura comprensiva, ese acto de generosidad de involucrarse por un ratito con la trama. Creo que cuando llegan a mi espacio de prosas personas con una predisposición como la tuya y la de otros compañeros generosos, realmente me siento muy feliz.
Gracias de todo corazón por tu tiempo.
Un abrazo :)
 
Es indescriptible esa sensación de poder encontrar a la persona amada en ese otro plano al
que debemos trascender, no sabes lo que sentí con tu hermoso relato, como vas contando
la historia con tanta dulzura y precisión. Para mi no fue sorpresa saber que estaba muerto
porque en tus letras encontré ese instante de luz que se debe sentir al reencontrarte con la
persona amada más allá de la vida, más allá del amor. Gracias Cecy. Besitos cariñosos que
se aprieten en tu mejillas.
 
Es indescriptible esa sensación de poder encontrar a la persona amada en ese otro plano al
que debemos trascender, no sabes lo que sentí con tu hermoso relato, como vas contando
la historia con tanta dulzura y precisión. Para mi no fue sorpresa saber que estaba muerto
porque en tus letras encontré ese instante de luz que se debe sentir al reencontrarte con la
persona amada más allá de la vida, más allá del amor. Gracias Cecy. Besitos cariñosos que
se aprieten en tu mejillas.


Escribí esta historia con amor y bastante de magia porque sin saber por qué ni habiéndome basado en algo puntual, estuvo en mi mente por muchos días como diciéndome "dale, che, escribime", en modo argentino ;)
Se puede tomar de manera fantasiosa ya que el portal de árboles es un paso, un portal de espacio-tiempo, o bien pensar que a veces hay que dejar de ser de determinada manera, cambiar radicalmente para buscar una felicidad posible.
Me gustó mucho tu manera de interpretarlo, me encantan los puntos de vista que enriquecen un texto y tus huellas siempre son oro puro para mi.
Gracias Analinda por dejar tu bella mirada en mis letras y devolverlas al presente.
Abrazos con cariño.
 
Tal vez, no sea necesario morir para renacer en el amor...
Me ha gustado mucho mucho, leerte, y la historia. Me quedo pensando y sintiendo.
Gracias.
Abrazo grande. Feliz domingo.

Te cuento que este relato surgió porque imaginaba a un hombre caminando contento. No le veía la cara ni fue algo que tomé de algún lugar. Esa idea me dio vueltas en la mente hasta que le di forma a la historia.
La muerte no es muerte, es dejar ir a todo lo que hace obstáculo para que el amor sea posible. El resto es un poquito de género fantástico que me encanta.
Te agradezco mucho la lectura respetuosa y el tiempo dedicado a comentar.
Un gran abrazo y muy feliz semana.
 
Última edición:
Lo último que escuchó fue la voz de su mejor amigo, llamándolo. Preguntándole a los gritos adónde iba y por qué se alejaba de él al galope, en dirección a uno de los claros del monte por el cual transitaban para llegar al pueblo antes de que anocheciera.

Ahora solo escucha el rumor festivo de la ciudad a media tarde. Una ciudad a la que sabe y siente suya. El aire huele rico, a comida frita, a manzanas acarameladas de puestos callejeros, y una canción pegadiza brota desde algún lugar con un sonido algo distorsionado por la distancia. Sus pies quieren seguir ese ritmo alegre y sonríe mirando a un cielo desprovisto de nubes, de un azul que le parece producto de una ensoñación febril. Nadie lo observa, nadie conoce su identidad, es un hombre común transitando la callejuela peatonal decorada con guirnaldas y luces que se prenderán durante la celebración que llegará con la noche.
Hace un agradable calor, su ropa es maravillosamente cómoda, un ambo de lino gris con una casaca blanca que de tan sutil apenas siente que le roza la piel, y emana de su pecho un aroma de pino y otras maderas que no consigue identificar, pero que le provocan un efecto tranquilizador al que de a poco se va adaptando y le fascina.
Contempla su nombre en una tarjeta que extrajo del bolsillo izquierdo de su saco y se observa en una imagen de escasas dimensiones que le devuelve los rasgos tantas veces hallados en cristales. Se lee, se ve, se reconoce en ese nombre nuevo que lo identifica.
Luego acaricia el contenido de su bolsillo derecho como si acunara un pequeño tesoro que sabe que deberá tomar pronto.
El efecto placebo de su perfume muta a una sensación vibrante. No es la adrenalina que conoce bien, es otra revelación que pareciera conducir sus pasos por una ruta ya trazada.
Y entonces termina la calle y comienza ella.
No usa el vestido con el que la recuerda en imágenes difusas, sino que sus largas piernas están ocultas por una tela negra que las ciñe, sobre las que se descuelga una blusa amplia de color arena sin ninguna clase se adornos. Su peinado es diferente, también el color y la extensión de su cabello que enmarca lo único que vuelve a encantarlo. Su rostro, la expresión de sus ojos que permanece inmodificable.

Junto con el eco de una gélida memoria que se apaga con un protocolo de despedida y final, se enciende una cercanía libre de toda culpa.
Comprende que ya no hay pasado, ni mandatos, ni obligaciones, ni lealtades, ni errores caros de pagar y que un viejo libro de tormenta y penumbras se quema para siempre a mereced del ritmo feliz de una canción que no comprende por qué tararea, y que solo quiere bailar con ella que es su único recuerdo vivo en un vacío de paz absoluta. Su única buena elección, la más sabia y sensata de sus decisiones. Ahora todo es posible.

Antes de aferrarse a su cintura y besarla, extrae el tesoro del bolsillo derecho. Un anillo de oro de pétalos labrados, con una diminuta piedra de ámbar que emula el color de los ojos que lo miran tan encendidos como el joyel que sus manos sostienen con ternura.

-Es tuyo, no sé si lo encontré o él me encontró, ya no sé dónde ni cuándo…- le dice mientras lo desliza a través de su dedo fino, como de nácar, en un rito que trasciende todas las fronteras de su entendimiento racional, y no le importa más nada que entregarse a ese momento de música y amada algarabía de cielo abierto y azul.

Su mejor amigo lo halló muerto unos metros más adelante de la entrada de aquel claro en el que lo vio ingresar cuando se desvió del camino. Estaba tendido junto a dos robles que parecían conformar el arco de una puerta. Entre las ramas cruzadas de los dos árboles, se tejía una enredadera extraña, de bellas y delicadas flores de pétalos blancos y corazones ambarinos como centros. Él había cruzado ese portal agreste. Tenía una muy hermosa expresión de calma en el rostro.
Solo su caballo se veía triste, pastando muy cerca del cuerpo del amo.

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Me gustó cuando protagonista recuerda la voz de su mejor amigo llamándolo mientras se aleja a galope hacia un claro en el monte.
Muy profunda historia.

Saludos nuevamente
 
Me gustó cuando protagonista recuerda la voz de su mejor amigo llamándolo mientras se aleja a galope hacia un claro en el monte.
Muy profunda historia.

Saludos nuevamente

Lo que le sigue a eso es un poquito más entretenido, creo...
Muchas gracias, Alde por traer del olvido a este relato que en su momento me hizo feliz escribir.
Saludos y muy buen inicio de semana.
 

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