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La mala palabra (Rimas prestadas)

lesmo

Poeta veterano en el portal
La mala palabra

A veces el lenguaje vuelto insano
al hombre le arrebata toda calma
y la palabra puede, embravecida,
publicar los pecados de una vida
y socavar cimientos en el alma.

Igual que en el Océano
sumida el alma en grandes vendavales
le afloran las desgracias como espumas,
y el hombre encalla en filos de corales,
palabras en la bruma.
Y el idioma sereno
quien bajo densa lama
lo mezcla con el cieno,
y lo llena también con su veneno,
es malvado si luego lo derrama.

Y otras veces el verbo bajo un manto
agudo y muy fluido,
produce a quien lo escucha solo espanto;
cual el rayo encendido,
al sonar la palabra atronadora
deja al destinatario estremecido
si esperaba que fuera bienhechora.

Cuando fluye el pensar de alguna mente
casi relampaguea
con una luz fulgente
la viperina idea;
si de los labios brota,
cual de un diente iracundo,
va esparciendo ponzoñas gota a gota
sin que exista peor en este mundo.

El corazón del pecho que palpita,
que busca en el oído sus placeres
encuentra que la angustia es infinita;
lo más malo que tienen muchos seres
es su voz que terrible resucita
el defecto; y el alma en la bonanza
de esconder con olvido su experiencia,
por esa crüel ciencia
perderá por completo la esperanza.
Es benigna la espina de la rosa
que se clava y anima al alma inerte,
y, por contra, la voz es mariposa
que revuela despacio ennegrecida
convertida en insecto que da muerte
si publica los males de una vida.

El ánimo por más que sea fuerte
a base de mil críticas se labra
las desgracias hendido de ese arado;
sin honor cae al suelo desplomado
con la fuerza que tiene la palabra.
Cada cual atesora al nacimiento
la bondad, pero luego es un martirio
escuchar el murmullo turbulento
que maldice y conduce hasta el delirio.
Cuando cesan los vítores y palmas,
y las críticas llegan cual centellas,
aquellos que rozaban las estrellas
se ven adocenados en sus almas.

La lengua de serpiente se desata
capaz de derribar inmensas moles
del honor, mucho más si se dilata
en el tiempo apagando hermosos soles,
al volcar su veneno en catarata,
y el prestigio luciente de arreboles
que volaba surcando la alta esfera
envidiará la fama que es primera.

Y si el hombre orgulloso de sí crece,
al llegarle la crítica que empaña,
de vergüenza en el rostro se enrojece
descendiendo de golpe su montaña.
El espíritu pronto se estremece
cuando azota el silencio con su saña,
pues se queda medroso y retemblando:
¡es el mal del vacío que está hablando!

Hay quien dice: –¡Al malvado ni lo noto!...
Con la pedrada dura
de la ofensa –violento terremoto–,
se cavará la propia sepultura
con el prestigio roto.
Pues la honra sin cuidado da pavura
porque el malo no escucha un miserere,
y si no se defiende cae y muere.

Salva Glez Moles
16 de noviembre, 2021.

Nota:
Esta composición, como ejercicio, se ha escrito tomando prestadas las palabras situadas en posición de rima del magnífico poema "Tempestades"que escribió en 1878 el poeta José Velarde Yustí. Se ha empleado también su misma distribución de estrofas.
 
Última edición:
La mala palabra

A veces el lenguaje vuelto insano
al hombre le arrebata toda calma
y la palabra puede, embravecida,
publicar los pecados de una vida
y socavar cimientos en el alma.

Igual que en el Océano
sumida el alma en grandes vendavales
le afloran las desgracias como espumas,
y el hombre encalla en filos de corales,
palabras en la bruma.
Y el idioma sereno
quien bajo densa lama
lo mezcla con el cieno,
y lo llena también con su veneno,
es malvado si luego lo derrama.

Y otras veces el verbo bajo un manto
agudo y muy fluido,
produce a quien lo escucha solo espanto;
cual el rayo encendido,
al sonar la palabra atronadora
deja al destinatario estremecido
si esperaba que fuera bienhechora.

Cuando fluye el pensar de alguna mente
casi relampaguea
con una luz fulgente
la viperina idea;
si de los labios brota,
cual de un diente iracundo,
va esparciendo ponzoñas gota a gota
sin que exista peor en este mundo.

El corazón del pecho que palpita,
que busca en el oído sus placeres
encuentra que la angustia es infinita;
lo más malo que tienen muchos seres
es su voz que terrible resucita
el defecto; y el alma en la bonanza
de esconder con olvido su experiencia,
por esa crüel ciencia
perderá por completo la esperanza.
Es benigna la espina de la rosa
que se clava y anima al alma inerte,
y, por contra, la voz es mariposa
que revuela despacio ennegrecida
convertida en insecto que da muerte
si publica los males de una vida.

El ánimo por más que sea fuerte
a base de mil críticas se labra
las desgracias hendido de ese arado;
sin honor cae al suelo desplomado
con la fuerza que tiene la palabra.
Cada cual atesora al nacimiento
la bondad, pero luego es un martirio
escuchar el murmullo turbulento
que maldice y conduce hasta el delirio.
Cuando cesan los vítores y palmas,
y las críticas llegan cual centellas,
aquellos que rozaban las estrellas
se ven adocenados en sus almas.

La lengua de serpiente se desata
capaz de derribar inmensas moles
del honor, mucho más si se dilata
en el tiempo apagando hermosos soles,
al volcar su veneno en catarata,
y el prestigio luciente de arreboles
que volaba surcando la alta esfera
envidiará la fama que es primera.

Y si el hombre orgulloso de sí crece,
al llegarle la crítica que empaña,
de vergüenza en el rostro se enrojece
descendiendo de golpe su montaña.
El espíritu pronto se estremece
cuando azota el silencio con su saña,
pues se queda medroso y retemblando:
¡es el mal del vacío que está hablando!

Hay quien dice: –¡Al malvado ni lo noto!...
Con la pedrada dura
de la ofensa –violento terremoto–,
se cavará la propia sepultura
con el prestigio roto.
Pues la honra sin cuidado da pavura
porque el malo no escucha un miserere,
y si no se defiende cae y muere.

Salva Glez Moles
16 de noviembre, 2021.

Nota:
Esta composición, como ejercicio, se ha escrito tomando prestadas las palabras situadas en posición de rima del magnífico poema "Tempestades"que escribió en 1878 el poeta José Velarde Yustí. Se ha empleado también su misma distribución de estrofas.
Muy buen poema, me dio gusto leerte.
 
Sin palabras, Salvador. Esto es una eeal maravilla, digna de un verdadero escultor de la palabra. Volveré a leerla, es espectacular
 

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